Histórico

Al corazón de las tinieblas

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17 de octubre de 2010

No pongo en duda la prodigiosidad tecnológica y la precisión humana del rescate de los mineros chilenos. Ha sido una de las operaciones de recuperación de personas condenadas a morir en vida más asombrosas de la historia. Diría que es la tercera, porque las dos más extraordinarias han sido Jaquey Camaleón , en Colombia.

Entonces me resisto a creer que haya individuos reputados como inteligentes que se atrevan a ignorar o desconocer que el rescate de secuestrados acometido con resultados óptimos por la fuerza pública sea una demostración clarísima de profesionalidad, que acredita el mejoramiento cualitativo de la inteligencia militar y policial y muestra cómo no estamos en el peor de los mundos, ni mucho menos en un país inviable o de bárbaros, como le oí y le entendí a un comentarista el jueves por la radio, en el más popular programa nocturno de opinión.

Es cierto que Chile ha dado un ejemplo muy plausible de fortaleza institucional , como lo dijo uno de los comentaristas aludidos. Millones de televidentes seguimos paso a paso el desenvolvimiento del proceso de salvamento de los mineros. Nos llenó de alegría el final de lo que parecía un filme de suspenso y aventura. El periodismo se lució con el cubrimiento ponderado y confiable y desmintió el gastado axioma según el cual "las malas noticias son las buenas noticias". A ningún reportero se le ocurrió colarse para bajar en la cápsula. Pero es una contumacia, una testarudez para mantenerse en el error, minimizar acontecimientos tan reconfortantes, tan celebrados por toda la gente en Colombia y en el mundo entero, como los que les devolvieron la vida digna a Íngrid y compañía y al general Mendieta y sus colegas, en julio de 2008 y junio de este año.

Hasta entonces, la Operación Entebbe (julio de 1976) estaba catalogada en el máximo rango. Militares israelíes le enseñaron al mundo que no se negocia con secuestradores y terroristas. Pero en aquella acción, también de película por la audacia y la heroicidad de los protagonistas y la tensa expectativa mundial que generó, abundaron contratiempos y ocurrieron varias muertes. Sigue siendo un antecedente primordial en los anales de las liberaciones de rehenes, pero no fue impecable.

Hoy en día Colombia es el país líder en esta cuestión de los viajes al corazón de las tinieblas (como en la novela de Joseph Konrad).

Y me excusan, por favor, esta diferenciación, que encuentro lógica: En Chile se liberaron treinta y tres vidas humanas atrapadas de modo accidental en las entrañas de la tierra. En las selvas de nuestro país se les arrebataron a las profundas entrañas del mal y la crueldad.