Histórico

Al fin, ¿cuándo será el fin?

02 de agosto de 2011

Nuevamente, una fecha de caducidad para nuestro universo se pone sobre la mesa.

Se trata del último aporte de la grandiosa civilización maya a nuestro mundo contemporáneo: según este calendario -o mejor: según la interpretación que algunos dan de él- el mundo acabará, si no se presentan contratiempos, el próximo 21 de diciembre del 2012 (la hora está aún por fijarse).

Sin embargo, no está claro qué tipo de fin será este, pues de cumplirse la profecía del predicador H. Camping el mundo no existiría para la fecha que propone el calendario maya. Pues él había pronosticado que el fin del mundo sucedería el 21 de mayo pasado, mas al parecer por fallas técnicas el evento final de la historia se aplazó -según él- para el 21 de octubre de este año.

Pero no es todo, de no darse en estas fechas el final tan esperado, existe ya otra previsión que indica que el fin definitivo -ahora sí- sería en el año 2036, cuando un asteroide chocará con nuestro planeta.

Son incontables las distintas hipótesis y falsas profecías que sobre el fin del mundo se han presentado y se siguen proponiendo hoy.

Algunas poseen un carácter primariamente religioso, como en el caso de los diversos milenarismos que basados en algunos simbolismos bíblicos o en apócrifas revelaciones privadas pretenden ubicar el fin de la historia en un año particular como el año mil o dos mil.

Otras, partiendo de una supuesta base científica, como en el caso del calendario maya, aseguran a la luz del movimiento o de una posición particular de los astros o del final de un ciclo en el conteo del calendario, que el mundo terminará en un momento preciso; finalmente, están aquellas tesis que mezclan ambas visiones, es decir, fijan el final de la historia por medio de profecías que se verían confirmadas por unos signos determinados y observables en las constelaciones, en los astros o en la historia humana (Nostradamus).

¿Qué decir a todo esto? Contrario a lo que a primera vista se percibe, se trata de un tema bastante delicado. Baste pensar en las personas que han muerto a causa del pánico causado por estas falsas alarmas.

Sólo en el año 2000 el temor y la consternación ante el inminente fin del mundo provocó la muerte a miles de personas que prefirieron suicidarse antes que enfrentar los cataclismos previstos.

Una cosa es clara: Científicamente la edad de la tierra nos es aún desconocida. Las últimas dataciones calculan que nuestro planeta existe desde hace más de 5.000 millones de años. Y esto mismo evidencia que el mundo no es tan frágil como el imaginario popular tantas veces lo cree.

Quienes promueven este tipo de especulaciones acerca de un fin inminente y catastrófico, con fechas y horarios precisos, no creo que hagan más que payasear.

El mismo Jesús, ante la curiosidad de sus interlocutores, aseguró que ni siquiera Él, sino sólo el Padre celeste conoce estas cosas (Mt. 24,36; Mc. 13,32).

Nosotros algo sabemos: a cada uno llegará el día y la hora final, nos corresponde sobre todo estar preparados y en guardia, pues a ninguno le será dado conocer con anticipación este misterio.