Alejandro sigue recuperándose de las mordeduras
Al niño que hace veinte días fue atacado por un perro labrador le faltan varias cirugías plásticas en su rostro.
Un perico australiano de color azul claro se convirtió en el mejor amigo de Alejandro Hincapié después de que un perro labrador, en un inesperado ataque, prácticamente le destrozara la cara.
La agresión del can ocurrió hace 20 días y el niño, de 8 años, sigue con el rostro vendado. En el ataque, el perro le causó heridas graves en ambos lados de su cara, la nariz y en el labio superior, que casi se lo hizo pedazos.
“Mi hijo sigue en tratamiento, ya le hicieron las primeras cirugías plásticas y en siete meses le tienen que hacer otras, porque las mordidas fueron muy fuertes”, comenta Julio Hincapié, el padre del infante y quien estaba con él el día de la agresión en casa de unos amigos.
Él llegó allí de visita con Alejandro y de entrada le dijeron -comenta- que tuviera cuidado con el animal, que era bravo. Dice que al fondo se oían los ladridos y por eso le advirtió al niño que no se acercara a la reja detrás de la cual estaba el ejemplar. Pero niño es niño y su curiosidad y su amor por las mascotas pudieron más que el miedo. Y Alejandrito se arrimó a acariciarlo.
La reacción del animal no se hizo esperar y se lanzó sobre el pequeño, que tenía un pajarito.
“Uno de los dueños del animal informó que piensa que pudo contribuir a la agresión que el menor tenía en el hombro un ave (pajarito)”, precisó a este diario Rita Elena Almanza, epidemióloga de la Secretaría de Salud, que le hace seguimiento a este caso dada la gravedad de los hechos y sus secuelas.
Padres indignados
Andrea Valencia, madre del niño agredido, experimenta un sentimiento de indignación por la forma como han avanzado los hechos. Según su versión, hasta hoy los dueños del perro ni la han llamado a preguntar por la salud de su niño, que debido a la gravedad de las heridas, hasta el viernes no había regresado a la escuela, donde cursa segundo grado.
“Es el colmo que no les importe nada lo que le pasó al niño. Ellos tienen nuestros números”.
Julio dice que ya se ha tenido que gastar varios millones de pesos en la recuperación del pequeño y no le han ayudado.
“Los medicamentos son muy costosos, los médicos le dicen a uno, si quiere que se le cure el niño cómprele drogas y cremas buenas, y esas son costosas”, recalca y pide que contra el animal o sus dueños se aplique la ley.
La ley es la 746 de 2002 y estipula que cuando “un perro potencialmente peligroso ataca a una persona infligiéndole lesiones permanentes de cualquier tipo se procederá al sacrificio”.
La misma ley establece que los dueños del animal que ataque a la persona deben asumir las responsabilidad por los daños que cause, en este caso lesiones graves y con secuelas para el menor.
“Mi niño está traumatizado, lo tenemos que poner en tratamiento sicológico porque a él le da pena que lo vean así, si antes tenía una heridita en la ceja y nos decía que porqué no lo operaban, imagínese cómo esta ahora que tiene la cara destrozada”, argumenta la madre del pequeño, que ha estado a cargo de él desde el día del incidente, pues no convive con el padre de Alejandro.
En evaluación
En la Alcaldía de Medellín, desde la Secretaría de Salud se asume la investigación de casos como este.
La vigilancia de exposiciones por animales potencialmente transmisores de rabia (perros, gatos, animales silvestres, murciélagos y bovinos, entre otros) es una directriz del Ministerio de Salud. Y las instituciones de salud deben remitir los casos a la Secretaría de Salud a través del sistema Sivigila a partir de las consultas de los pacientes.
Es así como este año, desde esta dependencia, se han reportado un total de 1.209 ataques de animales a personas, que no siempre son mordeduras, también hay arañazos o contactos por saliva.
De ese total, 395 corresponden a mordeduras de perros. Salud dice que el dato es exacto, porque “el reporte es obligatorio y lo deben hacer también para acceder a las vacunas y sueros antirrábicos que entrega gratis la Secretaría de Salud”, precisó Rita Almanza.
Añadió que 19 casos han requerido intervención médica para manejo de la herida y dos han requerido cirugía. No ha habido víctimas fatales.
Para el caso concreto de Alejandro, detalló que el perro fue visitado en su hogar por el veterinario William Sanabria, quien reportó que “el animal se observó tranquilo, no mostró signos de agresividad o compatibles con rabia ni mostró conducta agresiva”.
Pese a esta situación, los padres del niño piensan demandar. No tienen claro si para pedir el sacrificio del animal o que por lo menos que los amos del perro asuman la responsabilidad que ordena la Ley 746.
Entre tanto, seguirán pendientes de la recuperación de su hijo, que pasa las horas descargando su ternura en el plumaje dócil de su periquito australiano, que solo pica su manito, nunca ataca su rostro.