Histórico

Alfredo no quiere que le griten "allá va un delincuente"

07 de febrero de 2009

Por comprar 15 discos piratas en la calle, Alfredo (*) fue condenado a 48 meses de prisión. Su "condena" comenzó un día de enero de 2005 cuando fue soprendido por una patrulla que lo detuvo con el material prohibido.

Como el delito cometido por él era menor y la pena impuesta baja, Alfredo fue seleccionado por el Ministerio del Interior para ser el primer recluso del país que sale a la calle bajo el sistema de vigilancia asistida con un brazalete electrónico.

El viernes, mientras las autoridades explicaban a la prensa cómo funcionaría el sistema satelital, Alfredo esperaba nervioso en otro salón para recibir su brazalete y disfrutar de nuevo de la libertad.

Tenía en su cabeza la idea de que pasaron casi 4 años para ver este momento. Tras su detención en Valledupar, acusado del delito de violación a los derechos de autor, Alfredo quedó libre, tal como quedó constancia en un libro que le hicieron firmar.

Durante el siguiente año y medio no supo más de esa historia porque viajó a Bogotá en busca de una oportunidad de trabajo. Allí prestó servicio en la Policía y en enero de 2007 fue aceptado para iniciar la carrera de suboficial.

"Todos mis documentos y los exámenes médicos salieron bien. El 9 de abril del 2007 me vinculé en la Policía. Ese era mi sueño", dice Alfredo, a quien le sorprende que nunca le dijeran que tenía una condena a cuatro años de cárcel.

"Un día estaba vestido con mi uniforme y me quedé en la estación la Alquería de Transmilenio en Bogotá, esperando a que dejara de llover. Un policía comenzó a preguntarme qué hacía allí, me pidió papeles, se fijó en mi uniforme y todo iba bien. Por el avantel verificó mis antecedentes y cuál sería mi sorpresa cuando me dijo que tenía una orden de detención. Me fueron esposando y me trataron como a un delincuente".

Lo llevaron a la estación de Policía de Paloquemao. "Me quitaron el uniforme y me dieron una sudadera y un buzo. Estuve seis días hasta que me dieron detención domiciliaria".

Libertad vigilada
Alfredo interrumpe su relato porque en ese momento, dos guardias del Inpec le instalan la tobillera en su pie derecho y se convierte así en el primero en recibir este beneficio.

Con su dispositivo, Alfredo es trasladado en un carro del Inpec hasta su casa, en el norte de Bogotá. Sus familiares lo recibieron curiosos pero callados, hasta que el primo, de 11 años, se atrevió a preguntar: "Muestre, ¿en dónde le pusieron la manilla?".

Él se levantó el jean azul y se bajó la media.

"¿Que cómo me llamaron para tener esto?", pregunta con un marcado acento costeño. "El martes pasado me llamó el juez noveno de ejecución de penas. Me dijo: usted es el primer privilegiado para utilizar los brazaletes electrónicos y podrá trabajar. Venga a las 11 de la mañana, yo lo autorizo para que se movilice'".

Tras una explicación de cómo era el sistema, aceptó usarlo y dijo que podría conseguir empleo en una panadería. Informó las direcciones de su casa y del sitio donde se dedicará a amasar pan, croissants y mogollas.

Esa tarea la comenzará este lunes, a las 6 de la mañana y hasta las 7 de la noche, hora en la que debe regresar a su casa. Esa rutina la tendrá que repetir durante nueve meses, gracias a una rebaja otorgada por el juez y a otra a la que tendrá derecho por trabajar.

"Cuando me dijeron de esa posibilidad estaba muy emocionado y contento porque llevo casi 16 meses en la casa sin poder salir. En todo este tiempo me la he pasado del primero al segundo piso, viendo televisión, haciendo ejercicios que me enseñaron en la Policía y ayudando con los oficios de la casa".

Cree que el sistema le cambiará su vida, pues tendrá algo de dinero para ayudar a sus familiares.

Por ahora los únicos que saben de la tobillera son sus familiares cercanos, sus padres en la costa, un amigo del barrio y cuatro de la Policía. Por eso no dejó que le tomaran fotos o lo grabaran, "porque entonces la gente me va a señalar y a decir: 'Allá va un delincuente', cuando lo único que hice fue comprar 15 discos 'piratas' y ¿en este país cuántas personas no tienen un cd 'pirata' en su casa?".

Siente que con él se cometió una injusticia. "Mire - dice señalando el noticiero en televisión - un tipo que mató a otra persona en el Transmilenio está ahora en la calle y yo he tenido que pasar por todo esto. La justicia de este país ha condenado a delincuentes, a gente que ha matado y a violadores, pero cómo van a condenar a una persona a cuatro años de cárcel por 15 discos".

Como si fuera un nuevo juguete, Alfredo no deja de mirar la 'panela', a pesar de que tiene un margen de 30 metros para separarse de él. Habla con sus familiares, se mueve de un piso a otro, almuerza y hasta canta "De amor es que vivo", una canción de despecho que compuso en sus horas de ocio.

(*) Nombre cambiado