Alina pinta sobre lienzo vivo
Alina descargó una bolsa de plumas y un cajón metálico sobre la mesa de trabajo. Lo abrió y fue sacando pinturas, paleta de maquillajes, pomos de espuma, frasquitos de escarcha...
Mientras tanto, iba viendo el cuerpo de Natalia, que se desnudaba. El cabello negro, largo y liso; la piel bronceada; un abdomen plano reinado por un piercing; un par de senos generosos templando un brasier negro?
Le hizo dar la vuelta y al verla, de inmediato decidió: "te voy a pintar una selva. Bueno, al menos parte de la flora".
Es que ningún otro elemento del cuerpo de Natalia le había ayudado tanto a tomar la decisión de la pintura que habría de hacerle como esa flor tatuada en tonos rojizos en la base de la espalda. La integraría al body art.
Natalia, vestida apenas por las breves prendas de la ropa interior negra y unos zapatos de tacones altos, nada dijo. Como si en efecto ella fuera un lienzo en el que la artista plasmara su creatividad, se dispuso a permanecer quieta y en silencio.
Alina no comenzó por pintar. Primero sacó unas plumas de faisán y las sujetó con ganchos negros de los que usan las mujeres para fijar su peinado.
Luego, ahí sí, tomó un lápiz delineador de ojos color verde, le sacó punta y fue dibujando una rama de tallo ondulado, hojas y flores, que recorría el abdomen, la parte visible de los senos, los hombros y bajaba por la espalda, hasta integrarse con la flor del tatuaje.
Rellenó de verde las hojas; de colores, las flores. Con un pomo de espuma, la artista fue aplicando pigmento blanco sobre el resto de la geografía de la modelo, que a esa hora ya no daba la impresión de ser Natalia Quiroz, sino una escultura de arcilla de Natalia Quiroz que la artista Alina Álvarez hubiera modelado con sus manos y ahora le hiciera los acabados decorativos. Así de quieta y silenciosa estaba la modelo; así de concentrada estaba la artista.
De un pequeño frasco, Alina vació escarcha o mirella verde en el cuenco de su mano izquierda. Y con los dedos de la derecha, aplicó directamente este pigmento brillante.
"Con mi propia mano tengo más control de los lugares en los que debo aplicar el escarchado", explicó, mientras hacía brillar la espalda, el abdomen y los hombros de Natalia y la enredadera se iluminaba.
La artista se alejó unos metros para ver su obra. Cuando regresó, le dijo: "ahora sí, te voy a pintar el resto del torso". Y su obra se quitó el brasier.
Con sus dedos aplicó el escarchado sobre los senos. Hizo desaparecer el tono oscuro de las areolas y la prominencia de los pezones, y así los senos se convirtieron en montañas redondas de un verde amarillo brillante.
No toda la superficie del cuerpo quedó pintada. Alina suele dejar algunos sitios libres de pigmentos, a pesar de que usa maquillajes finos, porque, según explicó, la piel debe respirar. Y una persona totalmente cubierta puede llegar a sentir mareos con el paso de los minutos. Y a veces, hasta sufrir graves males. Por eso rechaza la práctica de body arts en los que se cubre el cuerpo por completo y más aun aquellos en los que usan pigmentos de látex, pues éste crea una capa plástica asfixiante. Sin contar que su retiro, al final de la función, resulta una verdadera tortura para modelos o bailarines que lo llevaron puesto: es como retirar una cinta adhesiva.
Cuando todo parecía consumado, cuando la modelo, fascinada, se esforzaba por ver su cuerpo vestido de flora, Alina anunció que la tarea no había terminado: "falta la pedrería".
Del cajón metálico de los materiales, extrajo una bolsita de piedras brillantes, pero antes de aplicarlas, hizo puntos de pegante de acronal en el abdomen, el pecho y la espalda de su escultura y, ahí sí, pegó, una por una, las piedras brillantes.
El body art estaba listo. Artista y obra se miraron satisfechas.
Para la primera, la función había terminado; para la segunda, el espectáculo apenas comenzaba. La escena se abriría para ella y los ojos del mundo se posarían sobre su cuerpo como atraídos por un imán. Es curioso: si en escena ella siente que la miran, la otra, la artista, siente que miran su creación. Es como si miraran a Alina a través de Natalia.