Histórico

¡ÁNIMO BOGOTÁ!

Loading...
30 de marzo de 2014

Santafé de Bogotá, la capital de la República de Colombia pareciera ser tierra de nadie. Propios y extraños cohabitan en una metrópoli que pareciera no tener un norte claro, una identidad común y unos ciudadanos que se preocupen por sus problemas.

Muchos habitantes de otras ciudades debemos visitarla eventualmente, ya sea por cuestiones laborales, turismo, para realizar un trámite centralizado, solicitar una visa, por estudio, etcétera. Algunos regresan a sus ciudades de origen amando a Bogotá, pero otros cuantos se van prometiéndose no volver. Es que lo que observa uno en Bogotá no es digno de una de las principales capitales de Latinoamérica.

No es posible que en pleno siglo XXI, una ciudad capital de 8 millones de habitantes tenga en vilo el sistema de recolección de sus basuras, que no haya un sistema de transporte que cubra adecuadamente la demanda de sus ciudadanos, que tenga una malla vial en condiciones deplorables, que no se vislumbren megaproyectos en el corto o mediano plazo, entre otros cuantos asuntos.

No obstante, me llama la atención que en una ciudad con tantas dificultades como Bogotá, se perciba una gran indiferencia y un arraigado conformismo por parte de sus habitantes. Pareciera como si estuvieran obligados a vivir en una ciudad con esos problemas o como si el destino se hubiese puesto en su contra. Y no debería ser así.

En mi opinión, el gran problema de Bogotá es que la ciudadanía no ha sido superior a sus gobernantes. Bogotá ha resistido mucho, especialmente en la última década. Ha tenido que presenciar su decaída porque los alcaldes que han dirigido su destino en este periodo no han tenido la capacidad ni el tino de llevar a Bogotá por una buena senda. De los últimos tres alcaldes que han pasado por el Palacio de Liévano, uno se encuentra preso y el último destituido. La inestabilidad gubernamental ha sido inadmisible, toda vez que si llegan a hacerse elecciones anticipadas este año en la capital, este sería el séptimo alcalde en siete años, es decir, estadísticamente un alcalde cada año. No hay ciudad que aguante esto.

Bogotá se merece algo mejor, sin lugar a dudas, y sus ciudadanos deben hacer que esto suceda con total determinación y sin una pizca de indiferencia. No deben permitir más corrupción, improvisación y mediocridad. La capital necesita un alcalde o alcaldesa que esté a la altura de sus necesidades y que tenga la capacidad para manejar los destinos de una ciudad que requiere cambios urgentes y planes de choque, pero que a la vez necesita avanzar.

En Bogotá debe haber lecciones aprendidas luego de tanto desatino. No hay derecho que los progresistas, el Polo y los verdes se sigan rifando a Bogotá. Recomendación: comiencen por escoger bien a sus gobernantes. Es que tan perversos han sido los últimos, que hasta el actual encargado parece todo un estadista. ¡Ánimo Bogotá!