Ante la arbitrariedad de la fuerza
Una acción policial arbitraria contra nuestros periodistas se acompañó de una agresión moral por parte del Secretario de Seguridad de Medellín. La verdad brillará y pondrá a cada cual en su sitio.
Hoy es el Día Mundial de la Libertad de Prensa. No es tanto una celebración como una jornada de reflexión y defensa de un derecho que no se consagra en beneficio exclusivo de los periodistas, como muchos pueden llegar a pensar.
La libertad de prensa es una conquista irrenunciable de la modernidad, y en este mundo contemporáneo está lejos de ser un bien público que goce de plenas garantías.
Hay países, o incluso zonas enteras del mundo, donde no existe la posibilidad de informar en libertad, con independencia, libres de presiones o imposiciones, pues se trabaja bajo una coacción insoportable que no admite tampoco la libre expresión de ideas u opiniones.
Sin libertad de prensa es la sociedad entera la que sufre las consecuencias de no poder acceder, mediante ella, a otros derechos fundamentales. Si bien dicha libertad es un derecho de los profesionales de la información y de las empresas periodísticas, es, ante todo, una garantía esencial del ciudadano que, como dice nuestra Constitución, tiene el derecho, también fundamental, de recibir información veraz, imparcial y oportuna.
Mientras hoy se recuerdan las limitaciones en el ejercicio del periodismo, del origen de sus violaciones (fuerzas ilegales, gobiernos autoritarios, bandas delincuenciales, fuerzas de seguridad sin controles), el pasado jueves tres periodistas de este diario, y una de Q"hubo Medellín, sufrieron una acción arbitraria de la policía mientras cumplían su deber profesional de cubrir la información de las marchas del Primero de Mayo.
La agresión policial, de por sí muy grave, rebasa los linderos del uso arbitrario de la fuerza al habérsele añadido versiones falsas de altos responsables policiales y de la Alcaldía de Medellín, que acusaron sin ninguna prueba a uno de nuestros periodistas de acciones contrarias a la ley.
Esteban Vanegas, comunicador social/periodista y fotógrafo de El Colombiano y Q"hubo, hacía en ese instante fotografías de la acción policial contra un manifestante. En todo momento, de viva voz y enseñando su acreditación, se identificó como Prensa. De súbito fue atacado por la espalda e inmediatamente de frente por policías que querían impedir el registro gráfico del procedimiento.
A la agresión física siguió la moral: un policía acusó a Vanegas de haberlo golpeado y de haberse dado a la fuga. El secretario de Seguridad de Medellín, señor Iván Darío Sánchez, propagó el infundio en su Twitter personal y en el institucional. Lo que no ha tenido de eficiente en su cargo lo tiene de imprudente y precipitado: en tales manos están la seguridad de esta ciudad y la confianza pública.
Esteban Vanegas fue sometido, detenido, metido a una tanqueta policial, esposado y recluido en un calabozo de la Fiscalía de Medellín. Aquel agente de policía lo denunció penalmente por "agresión a funcionario público". Afortunadamente, el periodista contó en todo momento con la asistencia de funcionarios de Derechos Humanos de la Personería de Medellín, que hicieron inventario, paso a paso, del procedimiento ilegal.
Desde ayer se ha podido ver un video adicional, grabado por el mismo Vanegas, que ratifica sin duda ninguna que él estaba ejerciendo su oficio cuando fue atacado por la espalda. Ni agredió a nadie, y menos huyó de nada. Tal prueba será puesta a disposición de la Fiscalía.
Estos hechos nos llenan de pesar, los condenamos enérgicamente. Y para quienes pretendan lo contrario, reiteramos que en ningún momento nos harán declinar de nuestra labor fundamental: informar y decir la verdad.