Anuncio inaceptable de las Farc
El país ya conoce lo que hacen las Farc con el secuestro de policías y militares: llevar la condición humana a las peores humillaciones. Y en lo político: chantajear al Gobierno y a la sociedad.
Hay que empezar por decir que la amenaza de las Farc de que seguirán secuestrando policías y militares para convertirlos en "prisioneros de guerra" constituye, de entrada, una perversión del lenguaje y de las categorías del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Una utilización amañada de una expresión para justificar una práctica criminal que aborrecen la sociedad colombiana y la humanidad: el secuestro.
Los "prisioneros de guerra" solo existen, según el mismo DIH, en el contexto de los conflictos armados internacionales; es decir, entre naciones-Estados. En el ámbito de los conflictos internos, en la eventualidad de la retención transitoria de combatientes entre las partes militares, apenas puede hablarse de "personas privadas de la libertad".
Pero en las particulares condiciones del conflicto armado colombiano, sabemos a que atenernos con las Farc: el secuestro de uniformados para someterlos a cautiverios miserables, encadenados en campos de concentración que el país recuerda con indignación. La guerrilla ya nos demostró que es una carcelera inhumana.
Durante el gobierno de Andrés Pastrana, cuando hubo ataques a gran escala sobre unidades militares, las Farc, en una obsesión de su fallecido e histórico jefe alias "Tirofijo", hicieron secuestros masivos de policías, militares y figuras políticas a quienes quisieron convertir en moneda de "canje o intercambio humanitario", lo que iba siempre dirigido a un objetivo político inaceptable:
Ganar un estatus de beligerancia, de cuasi Estado, que quería mostrar igualados a quienes actúan como legítimos escuderos de la Constitución y de la Ley con quienes alzados en armas, ilegalmente, han infligido al Estado colombiano y a sus ciudadanos las peores vejaciones: muertes, bombas, secuestros, daños de la infraestructura, narcotráfico... Bueno, esa larga lista que rechazamos y condenamos.
Pero lo peor del actual anuncio de las Farc, de seguir secuestrando a agentes de la Fuerza Pública, es la bofetada que le dan al gobierno de Juan Manuel Santos, y sobre todo a los colombianos, de responder a la iniciativa y el interés de buscar una salida negociada al conflicto con la reanudación de una práctica abominable.
Esta nueva amenaza afianza el descrédito de la gente en la voluntad real que tiene la guerrilla de resolver los problemas del país por la vía del diálogo. Ya se entiende por qué las encuestas reflejan el anhelo de paz de todos, pero el escepticismo frente a las Farc, que muestran gran audacia para emprender campañas militares nefastas, en contravía de los mínimos humanitarios, pero que son tan miopes y avaras para activar propuestas políticas que nos permitan creer en su supuesto interés de construir una sociedad justa, armónica, legal, decente, democrática.
Que no crean las Farc que estas maniobras y sentencias no tienen costos adversos entre la opinión pública. Que no crean que la gente va a seguir "comiendo cuento" y esperando más limosnas como una tregua unilateral de dos meses. A la ciudadanía le duele y le es de los mayores afectos el servicio de sus Fuerzas Armadas. Que no ponga la guerrilla el proceso de paz en alerta amarilla. No es lo deseable. Ya se dijo: el país quiere y acepta una paz, pero digna.
Si las Farc entran de nuevo al socavón sin salida de sus secuestros, verán que la historia solo tendrá una respuesta: desistir del diálogo y buscar sin tregua su derrota militar.