Apareció la Justicia
El bus de escalera de Víctor Luna salió de Sabanalarga ese domingo a la una de la tarde. Víctor no iba manejando el bus, porque se había tomado una buena dosis de cerveza y lo despachó con el ayudante. La escalera hacía el viaje hasta Sopetrán, pero cuando iba llegando al corregimiento El Junco, el chofer, por sacarles el quite a unas mulas cargadas que iban por la carretera, se salió de la banca y rodó hacia una cañada. Pasajeros y carga rodaron por la falda dejando muertos, heridos y carga regada por toda la pendiente.
Don Jesús Jaramillo, que era el alcalde de Sabanalarga, salió con los médicos y enfermeras del hospital a auxiliar a los heridos y a levantar los cadáveres. Uno de los ayudantes le dijo:
-Don Jesús, por allá hay un herido que grita que busquen un loro, pero yo no veo loros.
Don Jesús encontró a un viejito, minero barequero del Cauca, amigo suyo, muy aporreado que decía: "el oro, el oro, Don Jesús, en mi carriel hay un frasquito donde llevo el oro pa' Medellín".
-Tate callado, compadre, no mentés oro aquí que te lo roban-, y echándole mano al carriel de su amigo, les dijo a todos:
-Sigan buscando el loro de mi compadre.
El año pasado habíamos denunciado en esta columna las fechorías del gerente de la Industria Licorera de Caldas (ILC), que con manipulaciones indebidas y después de buscar prebendas, cambió un distribuidor exitoso que había demostrado eficiencia en la venta de licores de Caldas en el Departamento del Valle del Cauca, por un distribuidor sin experiencia en venta de licores, que para vender miles de millones de pesos, sólo acreditaba un capital de sesenta millones de pesos, representados en una buseta vieja y ningún local, que al ser beneficiado con el contrato de distribución de licores de Caldas en el Valle del Cauca, concedido por la licorera, capitalizó la empresa en tres mil millones de pesos. Sin saberse de dónde vino el dinero en efectivo. Todo en el término de diez días.
Por este motivo, el gerente de la ILC, el médico Carlos Arturo Fehó, fue destituido y encarcelado en Manizales en enero del año pasado y allí estuvo hasta junio de 2009, cuando, ante la defensa de un iluminado abogado capitalino que cuando pierde un litigio le da puños a su contrario, un sabio juez de Manizales lo absolvió y el gobernador Mario Aristizábal lo volvió a nombrar gerente de la Licorera de Caldas.
Pues ahora, cuando pocos creemos en la justicia colombiana, apareció la Justicia, bendita sea, para sancionar al médico Carlos Arturo Fehó. El Tribunal Superior de Manizales acaba de condenar al ex gerente de la Licorera de Caldas a setenta y nueve meses de cárcel, (seis años y ocho meses) sesenta y seis y medio salarios mínimos mensuales legales de multa y lo inhabilita por seis años y siete meses para ocupar cargos públicos.
Mientras los abogados del médico Fehó le buscan alas al loro de la evasión, la justicia lo asegura en el carriel del Inpec.
Pero esperemos que el dinero que perdió Caldas con el cambio de distribuidor se lo investiguen y cobren al gerente y al gobernador para que respondan con sus propios recursos.
ÑAPA : Es una infamia que un contratista costeño, beneficiario de contratos multimillonarios con la Nación y el Distrito Capital, que ha quedado mal en cumplimiento, inversión y honestidad; que ha perjudicado a los ciudadanos capitalinos y a la mayoría de colombianos y que no ha devuelto los multimillonarios anticipos recibidos, esté tratando de enlodar al ex ministro de Transporte y Obras Públicas, Andrés Uriel Gallego.
¡Señor Nule, devuelva los dineros, pague los perjuicios y respete!