Histórico

Aquel mar del morir

Loading...
14 de agosto de 2010

Domingo XX, Asunción de Nuestra Señora

"Cristo ha resucitado, primicia de los muertos. Él tiene que reinar hasta que el último enemigo que es la muerte, sea aniquilado. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies". I Corintios, cap. 15.

Golpeado por la muerte de su padre, Jorge Manrique, un poeta español del siglo XVI, nos dejó aquellas coplas que lamentan la vanidad y brevedad de esta vida presente: "Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar/, que es el morir. Allí van los señoríos,/ derechos a se acabar,/ e consumir".

Pero si reflexionamos sobre la Asunción de Nuestra Señora, comprenderemos que poetas y teólogos han pecado muchas veces de pesimistas y de idealistas. Los primeros, abrumando de rimas y lamentos el hecho de morir, cuyo misterio todavía nunca entenderemos. Y los segundos, ofreciendo argumentos demasiado elevados, para mitigar los corazones afligidos.

Respetamos tales actitudes, pero nos parece más conducente dejar a Dios sencillamente que, en su momento, realice en nosotros ese cambio trascendental que es la muerte. Porque confiamos en su amor misericordioso. Si es Padre, si es todopoderoso, no podrá defraudar nuestra esperanza.

Al celebrar la Asunción de María santísima a los cielos, tenemos delante a una mujer de nuestro linaje, quien al aceptar el plan de Dios en su historia, cumplió el ciclo vital de todo hombre. Pero de un modo más luminoso, más veloz, pudiéramos decir. Porque todos hemos de resucitar al final de los tiempos. Una fecha sin embargo, sobre la cual los pensadores cristianos no se han puesto de acuerdo.

La piedad popular presenta este acontecimiento como "el dichosísimo tránsito de la Santísima Virgen María, de esta vida mortal a la eterna".

Algunas formas de devoción mariana se han preocupado solamente de enumerar los privilegios y prerrogativas de la santa Madre de Dios.

También nosotros podemos hacerlo. Pero además podemos admirar en Nuestra Señora la acción viva y eficaz de Dios en una hermana nuestra. Y alentar una firme esperanza.

Así como ella fue llena de gracia. Así como ella vivió unida indisolublemente a Jesucristo. Así como ahora vive glorificada en los cielos, eso mismo lograremos nosotros un día, por la bondad infinita del Señor. Tal es el ideal de todo viandante por la tierra. Por todo ello, los discípulos de Cristo procuramos vivir nuestra fe en un clima de amor y de confianza hacia la madre de Dios.

San Bernardo, en aquellos calamitosos tiempos del siglo XI, se aferraba al amparo de Nuestra Señora, mientras motivaba al pueblo a acudir a ella sin cansancios:

"Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas con los escollos de la tentación, mira a la estrella, llama a María.

Si turbado con la memoria de tus pecados, confuso ante la fealdad de tu conciencia, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en la sima sin fondo de la tristeza, o en el abismo de la desesperación, piensa en María.

No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón. Y para conseguir su ayuda intercesora no te apartes tú de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás. Si te protege, nada tendrás que temer. No te fatigarás, si es tu guía. Llegarás felizmente al puerto si Ella te ampara".

(En 1980 la fiesta de la Asunción, de guardar el 15 de agosto, no coincidió con el domingo vigésimo ordinario, que cayó el 17. Este fue escrito por Calixto en otra ocasión).

*www.tejasarriba.org