Aquellas hermosas máquinas del recuerdo
Espero que no se nos vayan definitivamente aquellas recordadas y que alguna vez serán bien lloradas máquinas de moler. Casi seguro que ni la juventud y mucho menos la niñez, conocen esas primitivas pero hermosas construcciones metálicas que fueron el orgullo de las abuelas y el instrumento infaltable en las cocinas de antes cuando las arepas eran de verdad arepas y no un "producto elaborado bajo las normas de la higiene". Es decir, que salían de las manos de la madre o de la cocinera, ambas eran cocineras, a la mesa donde hacían el maridaje con el chocolate caliente, mostrando visos como la cola de un pavo.
Orgullo de veras, como dije antes, porque en esas lejanas y añoradas calendas las máquinas estaban sacando de la historia las piedras de moler donde se "trizaba" el maíz a fuerza de restregar el grano con una piedra menor. Unido al recuerdo de aquellas maquinillas estaba el trapito que se debía ajustar con el tornillo del seguro, porque el único problema de nuestras viejas máquinas de moler era el desgaste de esa pieza. Pero con el tiempo el trapito aquel entró a hacer parte de la corta película donde los granos salían en grumos delicados para caer en las manos maestras de quien las convertía en hostias del desayuno. Cuando encuentro una de esas máquinas antiguas que todavía trabajan, siento aquello que llaman nudo en la garganta o yo no sé qué en el fondo de los ojos y en el fondo del recuerdo.
PAUSA . El sol es un regalo hecho para darnos luz y el hombre se pone gafas oscuras...
¿POR QUÉ SERÁ? A veces dedico tiempo a pensar en las raras vueltas del idioma en sus caprichos y casi en sus absurdos y termino, simplemente, por no entender cómo se llegó a tales palabras, frases y hasta conceptos. Días pasados me dije: ¿por qué decimos ahí van las palomas y no decimos, ahí van los palomos? Si hasta en las Sagradas Escrituras se dice que el Espíritu Santo apareció en forma de paloma y no de palomo. Esperemos que el Santo Espíritu no ponga atención en estas incongruencias de la Real Academia, que algún día será la Democrática Academia de la Lengua.
Y vemos una manada de caballos y yeguas y decimos, ahí vienen los caballos. ¿Por qué no las yeguas? Vaya usted a saberlo... Si acaso hay un simposio de hipopótamas se dice que hay una reunión de hipopótamos, si el asunto es de jirafas y jirafos sólo serán jirafas. Y esto no solamente para animales más o menos salvajes, porque lo ambiguo de la situación se traslada a los hogares. Veamos lo que pasa en los hogares nuestros y en los de todas partes:
El escándalo armado en los tejados es causa de los gatos, y no de las gatas... tal vez de las gatas cuando son perseguidas, pero no se dice eso. Los ladridos que se escuchan en el día y en la noche no son de las perras sino de los perros... No sabe uno qué pasa con esto de los sexos. A veces están ellas por encima y nosotros abajo, en el puesto de los perdedores. Qué se hace, así somos los animales...