ARREGLO ENTRE “FARCSANTOS”
"Los señores de las Farc están comenzando a hacer propuestas que son totalmente fuera de lugar y hay que sacarles tarjeta roja, porque no son parte de las reglas de juego que acordamos, y que ahora dicen que no van a entregar las armas ¿qué están pensando? Entonces ¿para qué conversamos si no es para que entreguen las armas? Que quieren que se reforme el Estado y hacen un decálogo de propuestas…". (Palabras del presidente Santos en Soledad, Atlántico, junio de 2013).
¡Señor Presidente, por Dios… ¿Cómo así que los narcoterroristas de las Farc (señores no), están comenzando a hacer propuestas fuera de lugar? Si no han hecho otra cosa desde el día mismo de la instalación de la mesa de diálogos en Oslo (Noruega).
¿Cómo es posible que mientras los colombianos estamos hartos de oírles decir que no piensan entregar las armas, que no van a pagar ni un día de cárcel, que se debe hacer una Asamblea Constituyente, que ellos son las víctimas del "conflicto", que no son narcotraficantes, que no tienen secuestrados, que la justicia colombiana no es para ellos, etc., Santos apenas ahora se viene a enterar de que esos "señores" van a conservar sus armas?
¿Ya se le olvidó o fue que no le contaron que no nos van a dar el gusto de ver la foto de ellos humillados entregándolas.
Además, ¿qué quiso decir con eso de "hay que sacarles tarjeta roja"? Porque hasta donde tengo entendido, y creo que él también, la tarjeta roja no es una amonestación, es una sanción.
Esa tarjeta indica que el jugador cometió una falta muy grave y debe ser expulsado del juego. ¿Entonces? ¿El Presidente se está haciendo el brabucón para que creamos que es capaz de levantarse de la mesa?
Tanta laxitud y tan desmesurada paciencia que está mostrando ante los constantes desafíos de los narcoterroristas, amén de esa certeza de que el tal "proceso de paz" estará listo en noviembre, a pesar de que en siete meses no ha conseguido ejecutar sino un punto y con "salvedades", es bastante sospechoso. Da la sensación de que lo que hay entre los "Farcsantos" es un arreglo que se está cocinado desde mucho antes de iniciar las conversaciones en La Habana, y de que todo lo que están haciendo ahora es mera pantomima mientras organizan pormenores. Y no es raro porque bien sabemos hasta dónde es capaz de llegar cuando de conseguir sus objetivos se trata.
Recordemos cómo se acercó al presidente Uribe para ayudarlo en su reelección, con miras a hacerse a un ministerio de buena vitrina, para poder lanzarse luego a la Presidencia, disfrazado con la política de la Seguridad Democrática, con la que engañó a nueve millones de colombianos.
Ahora Santos, que necesita superar a Uribe y conseguir la reelección y el Nobel de Paz, quiere hacernos creer que el costoso espacio político que les está regalando a esos criminales, es un proceso que nos va a llevar a la paz. Otro tanto hace cuando se pasea por el mundo con su máscara de pacifista, vendiendo un mentiroso discurso para conseguir adeptos y elogios, mientras, entre paros y protestas, el país se va descuadernando. Paros, obviamente, patrocinados por los narcoterroristas.
Por experiencia sabemos que paz en medio de balas, sin justicia y sin reparación, no se consigue. Por el contrario, se aleja.
El presidente Santos, con la nefasta asesoría de su comunista hermano Enrique, está abriéndole gratuitamente el camino a la Revolución Bolivariana y su Socialismo del siglo XXI. O, ¿Será más bien, que a él, al igual que "a las Farc, hay que creerles"?
P. S. Sí, General Riaño, "con razón la gente extraña al presidente Uribe"..