Histórico

AUSTERIDAD Y REBELDÍA

Loading...
30 de julio de 2013

Una de las primeras medidas de Xi Jing Pin, al hacerse del poder, fue la de apretarles el cinturón a los empleados públicos.

De un plumazo se prohibieron banquetes de todo tipo, recepciones de alfombra roja, viajes que no fueran indispensables, adquisición de nuevos vehículos. Estos gestos de austeridad aspiraban lavarle la cara al gobierno frente a los gobernados en momentos en que el país entero atravesaba una coyuntura económica difícil. La decisión era, además, una forma de ponerle coto a hechos de corrupción que habían dañado la imagen del Partido Comunista frente a sus administrados.

Si las élites gubernamentales se tomaron el asunto en serio, otro tanto hicieron las empresas estatales chinas. Detuvieron el gasto suntuoso como una forma de ponerse en sintonía con el mensaje gubernamental.

Menos de un año más tarde Xi vuelve con otra medida encaminada a transmitir la idea de frugalidad. No podrán durante cinco años construirse nuevas edificaciones gubernamentales, ni regionales. Los medios de comunicación, igualmente, detendrán obras en planificación y el país entero recibe de nuevo un mensaje de contención a la extravagancia y al gasto ostentoso. Centros de entrenamiento, hoteles y moteles gubernamentales, centros de convenciones fueron metidos en el mismo saco.

Una actitud moralizadora es lo que se está evidenciando con estas medidas impuestas desde lo alto del poder. Una buena dosis de austeridad y de limitación de los excesos tendría un buen efecto en la economía nacional, no cabe duda, pero la imposición de estos estrictos límites parecería más bien ser una nueva pieza de una cruzada masiva y principista del gobernante encaminada a materializar su mensaje de eliminación del "burocratismo, el hedonismo y la extravagancia"… todas estas palabras sagradas del jefe del gobierno.

Lo que está haciéndose protuberante en China es que estos elementos ideológicos y morales que están siendo abrazados -además de impuestos- por los líderes, no están encontrando un eco solidario en otros niveles del propio partido. La disidencia se está haciendo presente en asuntos de forma y también de fondo. El recorte de más de 70 % en el presupuesto de los juegos deportivos de Liaoning -suerte de olimpiadas chinas que el país espera con pasión- han generado no poca urticaria en la población. Es sabido, además, que el discurso de Xi en abril de este año, sembrado de consideraciones moralizadoras, se topó con fuertes y abiertos cuestionamientos en la academia y en algunos círculos del poder partidista. La rebeldía se está poniendo de moda y la democracia como concepto está cada día más en el candelero.

Fracturas de esta naturaleza en los altos círculos del poder en el mundo occidental conducen, casi indefectiblemente, a cambios políticos profundos.

La férrea garra que se mantiene dentro del PC no permite que la disidencia aflore con facilidad y aun así, el periódico interno partidista le ha dado cabida a artículos de protesta universitaria.

El asunto no le quita aun el sueño a Xi pero su atención temprana no debe ser deleznada. El ejercicio de la autoridad debe ser dosificada para no provocar, en China como en otras partes, turbulencias desestabilizadoras.