Histórico

Autopistas o caminos de herradura ampliados

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19 de abril de 2009

Comenzaré por decir, como todos los antioqueños, que tener carreteras de especificaciones decentes, construidas con pendientes y alineamientos que permitan un tráfico fluido y sin riesgos de accidentes mayores, es algo que nos agrada y que esperamos que sea realidad en un futuro cercano.

Pero permítanme amables lectores que haga algunas consideraciones sobre el proyecto pues encuentro, como lo manifesté en el caso del túnel a Rionegro, que cuando los dineros son escasos hay que invertirlos bien y sobre todo tener en cuenta prioridades para obtener el máximo beneficio.

Hace ya algunos años, siendo funcionario del Ministerio de Obras (hoy Transporte), en una conversación con el representante del Banco Mundial para Colombia y quien supervisaba directamente los préstamos de dicha entidad al Gobierno, éste me dice: Darío, el sistema vial colombiano es muy pobre, pues está hecho sobre los caminos de herradura del pasado, que primero unieron las posadas de los arrieros, las que más tarde se convirtieron en pueblos.

Quien haya viajado por carretera en Antioquia, pero igual en el resto del país, sabe que para ir a Cartagena se pasa por Don Matías, Santa Rosa, Yarumal, Valdivia, antes de llegar a la orilla del Cauca. La vieja vía a Bogotá pasaba por La Ceja, La Unión, Sonsón, Dorada y aunque algo se corrigió con la actual llamada Autopista a Bogotá, aún no es una vía para mostrar. Para el sur pasábamos por Caldas, Santa Bárbara, la Pintada y luego Riosucio, Caramanta y Valparaíso. Estarán de acuerdo, después de esta breve enumeración de nuestras vías arterias, que el señor del Banco Mundial tenía razón.

Por haber sido testigo directo puedo decir que este esquema vial no obedeció a un plan maestro que fijara prioridades y buscara los mejores trazados o vías más expeditas que unieran las capitales de los departamentos o éstas con el mar. La satisfacción de intereses de políticos locales, por parte de las autoridades del ministerio del ramo, constituyeron las bases de nuestro pobre sistema vial.

Pero si bien este pecado es entendible en un país en vías de desarrollo, hoy el comercio no se hace entre los pequeños pueblos del país sino entre sus grandes capitales y especialmente entre éstas y los puertos marítimos.

No entiendo, por tanto, cómo el nuevo programa de las "autopistas de la montaña", se planea ampliando los caminos de herradura del pasado. Por ejemplo, no es una doble calzada de Ventanas a Puerto Valdivia la solución. La ingeniería moderna no tiene obstáculos insalvables pero los costos de operación del parque automotor hay que reducirlos al mínimo si queremos ser competitivos en un mundo globalizado.

Miremos al futuro. Esta Montaña, tan querida por todos nosotros, necesita autopistas que la acerquen a donde están los mercados. En lo posible un sistema vial moderno debe seguir el curso de los ríos. No es subiendo y bajando montañas que haremos de nuestro departamento un polo de desarrollo para la economía del siglo XXI.