Histórico

Avanzamos hacia un mundo más longevo, pero lleno de vida

En el mundo hay 600 millones de personas mayores de 65 años. Una cifra que se doblará en los próximos 20 años. Esta es la historia de los "Gerontolescentes",

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07 de junio de 2014

APeter Grant no le dio por comprarse un Porsche con la crisis de los 40. Lo hizo a los 65. De hecho, el señor nunca ha sentido nada parecido a la llamada "crisis de los 40". Toda su existencia ha consistido en una sucesión de crisis, victorias y derrotas, amenazas de prejubilaciones, aventuras y reinvenciones tras media vida entre Argentina e Inglaterra, la tierra de sus padres, y la otra media en España.

La jubilación que afrontaba con unos suculentos ahorros tras varios lustros como directivo en la casa Ford se presentaba para él como una oportunidad. Y se lanzó a quemar rueda.

Hoy, a punto de cumplir 79 años, el mayor de sus placeres confesables sigue siendo pisar a fondo el acelerador de su flamante Porsche gris plata, modelo 911 Carrera de 1987. Lo compró de segunda mano en 2000 y desde aquella adquisición ha participado en decenas de competiciones amateur por circuitos desde el Jarama hasta Montmeló, donde comenzó a rodar peinando canas.

Con los ojos azul purísima parapetados tras unas gafas de sol, el señor Grant, antes de poner al rojo vivo las revoluciones en una recta, entorna una pícara sonrisa de niño malo. "¡Esto es excitación… El sonido de esos tubos de escape saca el niño que llevo dentro. Cuando los oyes al entrar en un túnel… es la excitación máxima. Creo que nací con un poco de gasolina en las venas".

Mientras siga en este mundo, Peter Grant ha decido vivir a muerte. Poco a poco hay más personas que comparten su actitud entre los 600 millones de mayores de 65 años que habitan el planeta. Una cifra que se doblará en los próximos 20 años, según estimaciones de Naciones Unidas.

Un nuevo estereotipo
Viajamos sin remedio hacia un mundo más envejecido, pero no por ello agotado y sin fuelle. En cada vez más países desarrollados emerge un nuevo estereotipo que arrincona los tópicos de la recta final de la existencia. Sin facturas pendientes, con las hipotecas pagadas, los hijos fuera del nido y lo que queda de vida –cada vez más– por delante. Activos física e intelectualmente. Y con una capacidad progresivamente superior de ejercer de factor de cambio de la economía global.

"Gerontolescentes", les llama Alexandre Kalache, exdirector del programa de envejecimiento de la Organización Mundial de la Salud y hoy al frente del Centro Internacional de Envejecimiento de Brasil, con sede en Río de Janeiro.

Desde esta institución, Kalache ha dado forma al término gerontolescencia. En sus palabras: "Una transición desde la época adulta hasta la senectud, el primer capítulo del envejecimiento".

Un concepto para expresar el fenómeno que crece a lo largo y ancho del planeta: la existencia de personas mayores de 65 años y hasta más allá de los 80 que se mantienen activos y con un estado de salud mejor que el de cualquiera de las generaciones equivalentes anteriores. Beneficiados por los avances tecnológicos de la medicina y por un mayor nivel de formación, a lo que se une la emancipación de la mujer: se encuentran mucho más a gusto con su cuerpo, saben lo que quieren y son cientos de veces más independientes que cualquier generación anterior.

Hoy viven en España ocho millones de personas mayores de 65 años (17% de la población). Y subiendo. Las previsiones del Instituto Nacional de Estadística doblan esa cifra para mediados de siglo. De los ocho millones actuales, cinco y medio son pensionados.

Tras la jubilación se vive de media hasta 20 años más, una de las tasas de esperanza de vida más altas del mundo que junto a la progresiva reducción de la natalidad vislumbran una nación paulatinamente envejecida.

Las empresas tendrán que adaptarse, así como los bienes de consumo y servicios, para este segmento de población. La revolución económica de las canas ya está en marcha. Las políticas tendrán que afrontar el desafío de ajustar el gasto público a un nuevo mapa demográfico mientras que la tozuda realidad es que la crisis ha laminado penosamente el Estado de bienestar español.

En este contexto, cada vez más mayores de 65 años sostienen el tejido familiar con sus ingresos, además de hacerse cargo del cuidado de los nietos y e incluso de los hijos. En 2010, el 7,8% de familias con todos sus miembros desempleados dependía de un pensionado.

Pero en esta generación que sobrepasa la edad de jubilación y está actuando en muchos casos de punta de lanza para capear la crisis, también ha florecido un grupo de personas que se rebelan contra la imagen de la tercera edad como mero sostén familiar. Reclaman espacio para desempeñar un papel de cambio social activo.

Los espléndidos 78 años que luce Myrtha Casanova (La Habana, 1936) deben mucho a la hora diaria que dedica al yoga y a las varias que dedica los fines de semana al reiki y a la reflexoterapia, así como a una dieta vegetariana y a llevar una vida "activa, pero moderada".

Tiene tiempo para todo y niega la vigencia de los estereotipos. "El más ridículo de todos es el de la edad. No soy ninguna excepción, el problema es que no soy visible. Una cosa es que yo me jubilé fiscalmente. Pero no me he retirado de la aportación que puedo hacer al entorno. Hoy, en vez de hacerlo en las empresas, lo hago a través de las ONG que he fundado. Cortar la cabeza a la experiencia es un coste que las compañías no tienen calculado. Pero ya empiezan a pagarlo".

El envejecimiento de la economía global hacia el que nos encaminamos sin remedio ha protagonizado recientemente la portada del semanario The Economist. En sus páginas aparecía esta advertencia premonitoria: "Una economía cada vez más grisácea será más lenta y desigual a menos que las políticas comiencen a adaptarse ya".

El distanciamiento se agravará entre los más preparados y los menos; los primeros trabajarán más años y más horas, incide The Economist: "La división es más extrema en Estados Unidos, donde los mejor formados baby-boomers están postergando el retiro mientras muchos jóvenes menos preparados han sido expulsados de la fuerza del trabajo".

¿Prolongar la vida activa?
Mientras que en países como Dinamarca ya se baraja la opción de retrasar la edad legal de jubilación a los 69 años, en España comenzó a implantarse el año pasado la prolongación de la vida activa de los 65 a los 67 años, que se alcanzará en 2027.

La presión sobre los sistemas de protección social está de camino, agravada con casi seis millones de desempleados –de los cuales un millón tienen más de 50 años– que de estar trabajando constituirían un empuje a la cotización de las pensiones. Un desafío, el de la prolongación a futuro de la vida laboral, ante el que Manuel Alfaro, profesor de Dirección de Marketing de ESADE Business School, quiere poner un pero: "Cuidado con insistir mucho en esta idea, no vaya a ser que el Gobierno no nos deje jubilarnos hasta los 80 años".

"Los 70 son los nuevos 30", ha llegado a proclamar el gurú de las tendencias globales y director de Monocle Tyler Brûlé en su columna semanal del Financial Times.

Meses después de aquel artículo, Brûlé reflexiona hoy desde Suiza sobre el fenómeno: "No estoy seguro de que lleguen a conformar un nuevo soft power. Pero sin duda se trata de un sector incomprendido e ignorado por instituciones públicas y privadas. Desde Monocle observamos a una gran cantidad de lectores de nuestra publicación en esas edades que agradecen una aproximación madura hacia nuestros contenidos. En Japón [el país con la mayor expectativa de vida del mundo, exceptuando Mónaco] he comprobado cómo los minoristas y las marcas sí entienden este mercado apropiadamente. Mucha gente allí de 70 luce un aspecto funky, vitalista y con peinados modernos, algo difícil de ver todavía en Occidente".

En este sentido, el profesor Alfaro, de ESADE Business School, ha estudiado el perfil de las personas mayores de 65 años mediante sus hábitos de consumo en España: "Cuantitativamente ya tienen un peso. Y más que van a tener. Cada vez más están soportando su carro de la compra y el de sus hijos y nietos. No son un colectivo homogéneo, pero por lo general prefieren el comercio de proximidad y hacer sus compras a diario como forma de no aislarse. Muchos de sus integrantes se sienten insatisfechos porque demasiados productos y servicios no se adaptan a sus necesidades".