¡Ay, qué pecado!
¿Habrá un lugar donde uno se sienta más protegido y en armonía que en una iglesia? No creo, salvo que uno sea ateo.
Pues bien, ateos tienen que ser unos pandilleros que no respetaron ni el lugar sagrado que es la parroquia del barrio Bogotá, en el sur de Neiva; se metieron armados y atracaron a los feligreses, no sin antes empacar las copas de consagrar y las limosnas que se recogieron durante todo el fin de semana.
Los feligreses quedaron fríos y estupefactos al ver la tranquilidad con que los delincuentes actuaron.
Claro que a los pandilleros también les tocó vivir su propio susto, porque la rápida acción de las autoridades y la colaboración de la ciudadanía permitió recuperar parte de los artículos religiosos que se llevaron los cacos y judicializar a dos de ellos, sorprendidos cuando se gastaban la plata del pecado.