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¿Ayudan los gerentes a volar?

21 de diciembre de 2011

Gracias a esos regalos que en ocasiones nos da la vida, conocí a las águilas desde muy cerca, recibí de ellas verdaderas enseñanzas.

He encontrado muchas aplicaciones prácticas de lo que estos seres maravillosos hacen basados en su instinto.

Cuando reflexiono sobre su forma de actuar me parece que sus actos son obra de la inteligencia, del criterio, de la estética y de la moral.

No alcanzaría el espacio de esta columna para describir detalles que llaman la atención y cautivan la máxima admiración de quienes los conocen. Tampoco me es posible exponer sobre todas las reflexiones a las que he llegado luego de recibir su enseñanza, como lo he hecho en muchos foros.

En virtud del contenido gerencial que pretendo imprimirle a este interrogante, me limitaré a hacer algunas consideraciones sobre la que he denominado "La lección del águila".

Antes de desovar, emprende vuelo hacia lugares lejanos, no le importan las distancias, sino la calidad de lo que conseguirá.

Desde las alturas, con su "ojo de águila" y con capacidad de visión, ubica los implementos con los que construirá su nido. Luego decide la localización segura y práctica en donde lo ubicará.

En ese sitio, antes de construir, acopia el material, lo hace en un orden perfecto, para ella el buen almacenamiento es fundamental y de ahí depende la solidez de la estructura.

Revestida de paciencia, elabora, con trozos de madera, unas puntiagudas flechas con las que lo construirá.

Resulta desconcertante verlo ya terminado, tiene la forma de una copa para tomar vino, es elegante, estético y armonioso. Sorprende el hecho de que todas las puntas de las flechas queden hacia adentro, no son un elemento de protección.

Luego, con su pico extrae todas las plumas de su cuerpo, las deposita en el lecho hasta que este se convierte en el más mullido de los colchones. Esto lo hace a sabiendas de que no podrá volar durante muchos días y que se verá obligada a soportar el frío inclemente de los páramos en los que habita.

Todo lo hace como un sacrificio para beneficiar a otros, es generosa. Se entrega con dominio y con celo a su tarea de empollar. Cuando nacen los aguiluchos les reparte con equidad, cada día, la ración de alimento. Mientras comen retira una pluma del nido y con sutileza la lanza al vacío. Dos fenómenos en paralelo se producen, en tanto que el nido se va quedando sin plumas los aguiluchos ganan masa.

Las puntas de las flechas les fastidian, sienten la necesidad de volar, lo hacen y por ello son los animales que más alto vuelan.

El águila se ubica al frente de la línea de vuelo, guía, enseña, realiza con perfección y total acierto la primera cacería en un derroche de ejemplo y de enseñanza de prudencia, ya que no ejecuta ninguna acción sin que haya sido en absoluto planeada, medida y controlada.

Son 23 los elementos claves de la lección gerencial del águila.

¿Puede usted enumerarlos? ¿Los practica, usted, señor gerente?