BBQ Inmortal, el sándwich eterno
Hay un hatajo de agoreros en el mundo empeñados en vendernos la moto de que todo va a peor. Gente que disfruta haciéndonos creer que ir por la vida con la sonrisa puesta es insensato -nada más juicioso hay que sonreír a cada paso- y que el final que a todos nos aguarda es lo que importa. Severas plañideras del presente, gurús de futuras amenazas. Mustios expertos en lo tétrico, capaces de sacar el lado oscuro en un bautizo sólo con pronunciar "lo que le queda por sufrir a la pobre criatura". Frase a la que los secuaces de la melancolía rinden tributo meneando con resignación sus cabezotas. Envarados, duros y respetables, hombres y mujeres aburridos, de esos que se visten por los pies y llegan lejos, no sé hasta dónde, haciendo cotizar al alza la prudencia.
A unas horas del cambio de año -por cierto, 2012 es premonitoriamente el del dragón de agua, la que necesita China para pasar el atracón de gangas que se va a zampar una detrás de otra- un canal de televisión español realizó una encuesta entre sus televidentes y un 75% afirmó que los 366 días que aguardaban iban a ser peores que los que dejábamos atrás. ¡Panda de tristes! Con esa alegría en el cuerpo, normal que no salgamos de la recesión y nos hundamos más en ella. Por lo visto, a ese sombrío 75% de atormentados que dicen llamarse realistas se le ha olvidado que las predicciones no tienen por qué cumplirse por mucho que se emperren en adorar el infortunio. Los mismos profetas económicos que fueron incapaces de vislumbrar la crisis presagian ahora otro año desastroso, al menos a este lado del Atlántico, y en lugar de pensar que van a errar de nuevo, todo el mundo da por hecho que la maldición la clavan y que nuestro PIB caerá sin remisión dos puntos aunque nos toque sin cesar la lotería.
Tal es el régimen de aflicción que los hipocondríacos han instaurado que incluso quienes nacieron con la euforia por montera andan con pesadumbre. Pasa igual en todas partes, siempre habrá quien ponga un "pero" a las escaleras de la comuna 13 o al Metroplús. "Que si llega tarde, que se queda corto, que si cuánto habrán robado?". Gente que se prepara para lo peor por si las moscas, incapaces de disfrutar del aire que respiran. Adivinos del horror sólo porque en Pyongyang entierran a un Kim Jong para poner a otro, oráculos del colapso energético por el improbable cierre del crucial paso de Ormuz, con el que Irán pretendería bloquear el 33% del petróleo que se comercia por el mar y encarecer en 20 dólares cada barril. Arúspices de una conjura de la CIA para inocular el cáncer a todos sus enemigos, apóstoles del miedo a que China nos controle desde el cielo con su recién estrenado Beidou, su GPS particular.
En esta sociedad donde la subsistencia está cubierta, cualquier memez nos parece relevante con tal de no dar la impresión de ser felices y de evitar así nuestro propio linchamiento. Aunque estarán hartos de leer sesudos análisis del nuevo año, permítanme dejarles otra perla. El Centro de Investigación, Desarrollo e Ingeniería para los soldados de Natick, Massachussets, ha ideado un arma que cambiará los campos de batalla. No es un tanque ni un misil, sino un bocadillo de pollo barbacoa capaz de resistir incorrupto durante tres años. Si somos capaces de crear un sándwich eterno, que encima sabe bien, cómo no vamos a estar mejor que hace dos días. Es un hecho que avanzamos, aunque sea a ciegas. Con decirles que ya están trabajando en una inmortal porción de pizza?