Histórico

Belleza en la alta montaña

UNO DE LOS planes para esta semana de feria es ir a recorrer Yamadori, la exposición de bonsáis, en el centro comercial Sandiego. Árboles que guardan historia en su interior.

02 de agosto de 2011

Hasta un monje tibetano está mirando el árbol. Y hay monjes también y rocas y cascadas. Casi como si al centro comercial San Diego lo hubiese invadido la alta montaña.

Esta es la exposición Bonsái número 14. "Ya es un evento de ciudad y un compromiso que tenemos con ella", dice Oswaldo Copeland, director de la muestra, que se abrió la semana pasada y que se puede ver hasta el próximo domingo.

Esta vez el tema y el nombre es Yamadori, que se traduce como camino de la montaña. Y lo que se ve entonces son árboles de alta montaña, de esos que expresan una relación con el ambiente: el mar, los rayos, la falta de agua. Que han sufrido, mejor dicho, los rigores del ambiente.

Lo que muestran los seis expositores con sus bonsáis, es el rescate de esos "árboles maltrechos, dándoles una segunda oportunidad: los convertimos en obras de arte", añade Oswaldo, quien también expone y es un amante de esta práctica.

Lo que consiguen son árboles desechos, "que ya vienen con una vida previa. Simplemente hay que cuidarlos para que puedan estar muy frondosos. Les damos una segunda oportunidad".

Lo que buscaron en esta exposición fue crear ambientes. Si está el árbol, también está la roca y la cascada. Cada persona que recorra el centro comercial, por todas partes, se va encontrar con una historia que cuentan los árboles y los elementos que le acompañan.

Todos los de la exposición son cultivados en jardines de Medellín, Envigado o en el oriente antioqueño, por la zona de Guarne.

Vale la pena recordar que los bonsáis no son sinónimo de pequeño. "Es sinónimo de árbol a escala", afirma el director de la exposición. Los puede haber, entonces, que caben en la palma de la mano o alcanzar hasta los cinco metros.

La diferencia entre un bonsái y otro árbol es la intervención del ser humano. "El gusto por extraer esa belleza oculta". Por volverlo arte.

Una vez más entonces los bonsáis se hacen parte de Sandiego, como obras de arte que sorprenden, que hablan con sus hojas, con los troncos, con la historia que llevan en algún pedacito de madera.