Calamaro cumple 50 años a contracorriente
EL SALMÓN LLEGÓ a su medio siglo. Se convirtió en ídolo del rock. Se nubló y retiró. Regresó. Y sigue presente con su música.
Puede que veinte años no sean nada, pero cincuenta dan para un montón de cosas. Que se lo pregunten a Andrés Calamaro, que el 22 de agosto cumple medio siglo de vida trepidante, como si no existiera el mañana, bebiéndose los días uno tras otro al tiempo que paría decenas de canciones maravillosas, y todo ello cumpliendo a rajatabla con el eslogan sagrado del universo musical.
Es complicado fijar una fecha exacta del nacimiento artístico de Calamaro. Algunos dicen que fue en su octavo cumpleaños, cuando sus padres le regalaron un bandoneón y un tambor; otros aseguran que fue a los diez, momento en que compuso su primera canción ( La chica del paraguas ); los más atrevidos se van hasta los trece, porque para entonces ya era un buen pianista y guitarrista.
No obstante, la opción más plausible es la que señala a Calamaro como un artista de cuna, uno de esos locos geniales que no podrían ser otra cosa en la vida salvo creadores.
Trató de estudiar Derecho, pero el gusanillo de la música se había infiltrado mucho antes en su sistema nervioso. Pero no fue hasta 1981 cuando Miguel Abuelo, figura insigne del rock argentino, decide volver al país suramericano tras una década en Europa. Su regreso implicó el renacer de Los Abuelos de la Nada.
Recomendado por un amigo (el músico y compositor Alejandro Lerner), Calamaro entró como teclista en esta segunda formación de la banda , una labor que compaginó con su presencia en la banda de acompañamiento de Charly García. No se podía pedir más: formaba parte de dos grandes grupos y todavía le quedaba tiempo para componer sus propias canciones, que al poco se reunieron en "Hotel Calamaro" (1984), su primer álbum en solitario.
La segunda aventura de Los Abuelos no duraría demasiado, y Calamaro volvió a encontrarse libre de ataduras en 1985.
La aventura española
Entretanto, el músico había hecho amistad con el joven guitarrista Ariel Rot, que por entonces ya era una celebridad en España por su condición de miembro del grupo Tequila. Llegó la primavera de 1990 y Calamaro no se lo pensó dos veces: hizo maletas y cogió el primer avión con destino a Madrid, donde se juntaría con Rot, Germán Vilella y Julián Infante para crear otra formación mítica del rock en castellano: Los Rodríguez.
El cuarteto puso banda sonora a la primera mitad de la década de los noventa. El grupo publicó cinco álbumes en seis años de existencia. Buena suerte, Sin documentosy Palabras más, palabras menos , fueron tres títulos que convirtieron a Los Rodríguez en una banda de éxito masivo.
Un artista de culto
Calamaro arrancó su segunda etapa en solitario en 1997, cuando vio la luz Alta suciedad , un álbum de rock clásico, con evidentes influencias de blues, en el que destacaban canciones como "Loco", "Flaca" o "Media Verónica".
El disco recibió toda clase de elogios, pero lo mejor estaba por venir con Honestidad brutal , 37 piezas en las que el autor se destripaba a sí mismo con la sutileza de un guante de lija. Las letras se caracterizaban por una sensibilidad extrema, fruto de una etapa extrema en la vida de Calamaro, que tras romper con su pareja se sumió en una espiral de excesos.
Te quiero igual, Cuando te conocí, Paloma... No eran canciones para subir el ánimo, pero esa tampoco era su intención. El único motivo de su existencia es la necesidad de contar, de narrar y describir una pena auténtica, como auténtico ha tratado de ser Calamaro a lo largo de su extensa trayectoria. De ahí que tuviese la osadía de publicar un álbum quíntuple, El salmón , que tras aguantar ataques de todo tipo se ha convertido en una de sus obras más aplaudidas.
El adiós y el regreso
Y entonces llegó el colapso. Calamaro estuvo cuatro años en silencio, callado como un muerto, realizando esporádicas colaboraciones y negándose a pisar un escenario. Muchos temieron una retirada prematura, pero el artista se encargó de poner fin a las especulaciones en 2004 con El cantante , en el que realizaba versiones de grandes clásicos del folclore suramericano.
Este giro hacia las músicas de raíz continuó en los dos siguientes trabajos del guitarrista, que por entonces ya había regresado a las actuaciones en directo. Tinta roja fue un homenaje al tango, mientras que El palacio de las flores ya dejaba intuir el creciente gusto de Calamaro por ritmos como la cumbia o la salsa.
Paternidad de un creador
Calamaro fue padre por primera vez en enero de 2007. A buen seguro que la pequeña Charo tuvo mucho que ver en el espíritu optimista y desenfadado de La lengua popular (2008), un disco de canciones tan pegadizas como Los chicos, Mi gin tonico Sexy & barrigón.
El año pasado fue el turno de On the rock , un álbum menos acertado que su predecesor y muy lejano del espíritu rebelde que sugería en su título.