Camila murió aferrada a su fe
Una de las últimas peticiones de María Camila Cadavid Montoya, de 8 años, muerta por una bala perdida en el sector de La Capilla, en Belén Rincón, fue que la bautizaran.
Quien iba a ser su madrina, una joven que llegó la noche del jueves, a las afueras de urgencias de la Clínica de las Américas, para indagar por el estado de su futura ahijada, no dejaba de llorar y recordar que Camila le había dicho que la bautizaran rápido. Una vez se conoció que la niña había sobrevivido a dos cardíacos, porque la bala le comprometió órganos vitales, en el barrio los vecinos empezaron a implorarle a su patrona, la Virgen de la Piedra, que la socorriera, que le diera fuerzas para seguir resistiendo a la muerte. Pero las lesiones desafiaron esas súplicas a la Virgen milagrosa y los esfuerzos de los médicos por mantenerla con vida. Camila, la niña herida en medio de un tiroteo entre bandas cuando iba, con otras dos menores, a rezar la Novena, murió a la medianoche del jueves.
En La Capilla sus habitantes no salían del asombro, mientras que la Policía lograba la captura del implicado en el hecho. La Capilla está triste y hoy en las exequias de la niña manifestará su voz de repudio a los violentos, que apagaron la fe de quien siempre quiso sentir en su alma la presencia del Niño Dios.