CAMINANDO
Sólo recuerda que estaba cruzando la avenida Oriental. Horas después se despertó en una camilla con el cuerpo fracturado. El testigo que la llevó a urgencias contó que se salvó de "puro milagro" después de ser atropellada por un autobús. Esa médica y mamá de tres hijos, me contó la historia cuando fui a visitarla. Pasaron varios meses hasta que regresó a su trabajo. Pasaron muchos días hasta que volvió a caminar sin miedo por la misma avenida y sin pensar que el destino le repetiría lo mismo.
Caminar la ciudad donde uno está es una experiencia necesaria e irremplazable. Es la mejor forma de conocerla. Y es que entre paso y paso, uno respira su aire y aromas. Oye las voces, lee avisos, entiende distancias, percibe los ritmos y conoce a la gente que también la habita. En su libro Wanderlust: historia de caminar, Rebecca Solnit dice que una ciudad es un lenguaje, un depósito de posibilidades. Caminar es el acto de hablar ese lenguaje urbano, de escoger esas posibilidades. O como dijo metafóricamente Rubén Blades: "Caminando se aprende la vida".
Hace unas semanas vi una pareja que intentaba cruzar a pie la vía Las Palmas. Ambos querían atravesar ese trayecto de asfalto y cada vez que lo intentaban se devolvían ante la aparición de camionetas, taxis y buses. Cansados de esperar, corrieron un poco cuando fue posible pero el intento terminó cuando una mujer en camioneta gris plata aceleró. Desistieron.
Algo parecido se ve en otras ciudades del mundo como Roma donde para atravesar ciertas calles uno debe lanzarse a los carros. O en El Cairo donde ante la ausencia de semáforos en algunos puntos, uno queda a merced de conductores. La diferencia está en que Medellín debe afianzar su lugar en el mundo y demostrar con otros logros que dejó atrás sus días de inequidad y violencia.
Caminar en ciertos puntos de esta ciudad es casi imposible. Incluso puede convertirse en un atentando contra la vida. No hay andenes o los automóviles no se detienen. En el año 2013 murieron 137 peatones en la ciudad, de acuerdo con las cifras de la Secretaría de Movilidad.
Para cambiar, la administración municipal piensa construir más de "105.000 metros cuadrados para la vida", según informó hace unos meses Carlos Borja, subsecretario operativo de la Secretaría de Infraestructura.
El arquitecto Juan Esteban Arteaga, con experiencia en el tema, opina que los proyectos actuales de espacio público en la ciudad son incluyentes. Se están haciendo de forma que puedan ser recorridos por las personas sin importar el sector, su condición física o económica. "La percepción está cambiando. La ley ahora obliga a los constructores a preocuparse por andenes y espacios para el peatón. Uno se sorprende al ver todo lo bueno que se hace al respecto y no se ve".
Para lograr que esta ciudad pueda recorrerse a pie, también es necesario que los conductores cedan la vía, no aceleren y den prioridad a la gente de a pie. Y es vital la actitud de los caminantes. Que usen los puentes, las cebras y no crucen cuando el semáforo está en rojo. ¿Es ser muy soñador? ¿Pedir mucho?