Histórico

CANDIDATOS DEL 2014

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09 de julio de 2012

Empezó la campaña para el 2014 por un mal camino. No por los candidatos que están empezando a salir a la palestra, sino por la forma en que lo están haciendo, incluido el propio presidente Juan Manuel Santos al hablar de su posible reelección, y el exmandatario Álvaro Uribe al postular a sus gallos.

El próximo gobierno tiene que girar en torno a las políticas, las propuestas y las ideas. No a los personalismos. Y por eso el debate tiene que ser sobre los problemas que el país afronta y las propuestas de cómo manejarlos, no sobre una serie de ataques individuales que a quien más daño hacen es a Colombia en general.

Es difícil apartar el éxito de las estrategias del líder que las maneja. Eso es obvio. Pero en medio del fuego cruzado verbal que hay en Colombia entre el gobierno y la oposición, se están olvidando las propuestas para dedicarse a atacar las debilidades individuales.

Y eso es mezquino, mediocre y vulgar.

El expresidente Uribe se montó en una cruzada que poco beneficio le ha traído al país. Algunas de sus críticas son completamente acertadas, pero la forma de hacerlas ha viciado el fondo, generando más retroceso que construcción desde la diferencia. El uribismo no ha entendido cómo se hace oposición, ya que siempre desecharon de raíz la que le hicieron a su gobierno.

Errado.

Por su parte, el presidente Santos, jugándole a responderle los mensajes y trinos a su antecesor y a reaccionar ante la caída en las encuestas, se le ha enredado algo esencial: gobernar. El daño que le hizo a la institucionalidad aprobar para luego desmontar la reforma a la justicia; la ebullición de la inseguridad (sobre todo cuando la sociedad aprendió a valorar la seguridad); y la incertidumbre sobre el camino económico a largo plazo son temas que le van a salir caros al presidente Santos. Duro. Pero si le cuestan al gobierno, le cuestan mucho más al país.

Y en medio de esa pelea se encuentra una opinión pública apática, que por el cansancio de este intercambio estéril y de la política ramplona de personalidades, va navegando, desinformadamente, apoyando al que más acertado le suene en ese momento, o el que más duro diga lo que uno piensa de la contienda.

Todos somos culpables.

Fortaleciendo un sistema político en el que nadie representa, hace años, una corriente de pensamiento y en donde, en la actualidad, el presidente y la oposición son del mismo partido.

Es precisamente por eso, porque no hay partidos desde hace años, que estamos en una democracia de personalidades efímeras. De falsos mesías. De héroes de hoy que son villanos mañana. Y de movimientos y electores que se ajustan a esas personalidades del momento.

No hay que tener miedo a criticar desde lo constructivo para dirigir al gobierno. La oposición es necesaria. Como no hay que temer a la polarización en medio de los debates civilizados, constructivos y democráticos.

Una democracia se fortalece cuando hay discusión alrededor de propuestas. Pero hay que tener pánico de un debate político basado en los personalismos, el ego y los intereses particulares. Y peor aun, de un gobierno y una oposición basada en lo mismo.