CARTA A LAS FARC
Mentiría si empiezo esta carta con la típica palabra "apreciados". Mucho más si les digo "respetados" o "queridos", entonces ¿cómo decirles a unas personas que han contribuido enormemente a que este país esté como esté? Sencillamente les diré "señores" y eso porque desearía que ese título noble les ayude a dimensionar la responsabilidad que tienen en este momento histórico cuando discuten con el Gobierno el fin de una larga guerra.
Les escribo a todos, no a ninguno en particular, porque sé que a pesar de que en una mesa hay unos representantes, la guerra se termina, no con una simple firma sino cuando cada uno de ustedes se convenza de que a través de las armas no lograrán su propósito, así no es señores, eso ya no es un acto heroico. Nadie celebrará los policías y soldados que maten y mucho menos los niños que dejen huérfanos o los pueblos que destruyan para demostrar que todavía en sus venas está vivo el deseo de pelear.
Les escribo, señores de las Farc, porque dentro de muy poco se sentarán en Cuba con algunas de las víctimas que representarán a cada una de las víctimas de este país. Y es aquí donde quiero centrar este mensaje. Por lo que más quieran, señores, tómense en serio el dolor de esas personas que no cesa desde que a cada madre y a cada hijo ustedes les hicieron lo que les hicieron.
Si quieren burlarse del Presidente o de los negociadores ustedes verán, pero por favor, no jueguen con las ilusiones de las víctimas. Ellas, una vez más, quieren creerles, tienen las esperanzas puestas en que puedan entender por qué sus armas hicieron lo que hicieron. Incluso, algunas querrán que les cuenten en detalle cómo pasaron las cosas, qué decían, dónde quedaron los cuerpos de sus familiares. No es que sean masoquistas, es que cuando alguien no sabe qué fue de un ser querido, cuando lo único que queda es una foto que todos los días se borra un poco más, necesita saber, reconstruir, casi que acompañar la agonía del que nunca más volverá a ver. Esto, para muchos, es la puerta del perdón, de una nueva vida.
Señores, si creen en la paz, demuéstrenlo, cumplan con su parte, ustedes, más que nadie, comprenden que la clave de este proceso está en las víctimas; así que no empiecen con justificaciones, no traten de hacerles creer que ustedes son inocentes.
Sé muy bien que los paramilitares y el Estado han sido responsables de masacres, ellos también tienen que decir la verdad, pero ahora, cuando ustedes tienen la oportunidad de encontrarse con estas personas que se sienten amputadas, muertas en vida, háblenles con la verdad, respétenlas, no se burlen de ellas. De ustedes depende que esto sea un paso gigante para la paz, hágannos creer, mientras nos sana el corazón, que esta barbarie colombiana no se repetirá "nunca más".