Casa y perro quiere tener Rosero
UNO DE LOS ICONOS del patinaje colombiano en la última década dice adiós. Quiere estudiar, estar en un solo lugar, aunque no se olvidará del patinaje. Está ansioso por conocer la vida del deportista retirado.
Ese noveno puesto de un torneo en Cauca en 1989 lo celebró tanto como su primer oro mundial en 1998, o el último de hace un par de días. Diego Rosero pone el retrovisor, mira hacia su pasado, y solo puede sacar una sonrisa: "sí, me retiro feliz".
Diego Rosero Cálad es más que un símbolo del patinaje colombiano. Nació en Ipiales hace tres décadas; creció en Cali y ahora vive en Europa. Su hoja de vida parece un cuaderno. Desde los 10 años empezó a acumular trofeos que ya no cabían en casa. Por eso lleva cuenta solo de títulos mundiales. "Son once con el de este año, más la Copa Mundo de maratones de 2009, que es uno de los que mejor recuerdo".
Hoy, con más de 20 años montado en unos patines y doce años en el corre corre de los mundiales, quiere dejarlo todo. "Sí, me retiro. Es una decisión que venía analizando hace meses, que hasta la había pensado el año pasado, y que hoy puedo ratificar. Dejo el patinaje en competencia", dice Diego, uno de la docena de campeones en el Mundial de carreras que terminó ayer en Guarne.
Rosero, oro en los 10 mil metros combinados de la pista, ha ganado todo lo habido y por haber. Tiene puesta la camiseta tricolor que lo distingue como campeón mundial, pero ni eso lo hace retroceder. Ya tiene la decisión tomada, y no se arrepiente.
"Estoy tremendamente contento, muy ansioso por empezar a vivir esa otra parte de la vida de un deportista, el después. Quiero vivir una vida de menos maletas, quiero tener casa y quiero tener perro". Diego ya tenía en mente, desde el año pasado, hacer público su retiro.
"Gané uno de los torneos más difíciles que es la Copa Mundo de maratones, y en ese momento decidí que no quería más. Pero, una oferta que no pude rechazar, me hizo quedarme un año más. Ahí tomé la decisión de hacer mi retiro luego del Mundial, en mi casa, y ojalá con un título. Por suerte todo eso lo pude hacer.
Durante dos meses vivió algo que no sentía desde 2007, cuando vistió, por última vez la malla de la selección colombiana. Esta vez era el veterano en un grupo de niños, con 15 debutantes en un Mundial. Sangre nueva que tampoco puso a tambalear su decisión.
"No me malentienda, pero estar con tantos jóvenes reafirmó mi decisión de dejar todo. Ellos me ayudaron a darme cuenta que sí estoy en el lugar y momento justo. Me siento bien físicamente y en lo deportivo todavía tengo para dar. Pero mentalmente no quiero más".
Libros... ¿y el patín?
Su espacio se lo quiere dejar a los chicos que sean capaces y disfruten estar metidos dos meses en concentración, lejos de la familia y entregados el cien por ciento del tiempo al patinaje. Diego, no más.
Desde hoy es un hombre nuevo. Viajará en dos semanas a Europa para recoger sus corotos, y comenzará las vueltas para colgarse la mochila. Esta vez estará llena de libros, no de patines, chasises o ruedas. Su futuro es netamente académico.
"Voy a terminar mi carrera de Negocios Internacionales y Economía en la Universidad de Southern Florida. Era algo pendiente para seguir con mi vida fuera del patinaje", anota, aunque acepta que difícilmente colgará los patines.
"Siempre voy a tener un pie en Estados Unidos y otro acá en Colombia y en el patinaje. Va a ser muy difícil desligarme, pero hoy quiero otras cosas", anota Diego, un rostro demasiado reconocible en un mar de chiquillos que apenas empiezan a habitar las selecciones nacionales en el patinaje de carreras.
Cada vez que salió a la pista, Guarne gritaba y aplaudía su nombre. Un reconocimiento tan grande como el que un club de Cali lleve su nombre, o que el patinódromo de su Ipiales también sea bautizado así.
"Me gusta saber que mi nombre lo tienen con cariño, con respeto en el deporte, alguien que quiso construir. Acá conseguí los mejores amigos, una formación de valores, además de recorrer muchos países y culturas".