Histórico

Castro tiene lo que muchos quieren

21 de abril de 2009

¿Qué tiene Castro que los otros gobernantes desean? ¿Por qué esta nueva fascinación de los presidentes latinoamericanos por el dictador de la isla cubana? La respuesta es muy sencilla, Castro tiene permanencia en el poder, ese virus que está de moda. El dictador lleva 49 años, ininterrumpidos, como dueño y señor de Cuba. Aunque teóricamente entregó el gobierno a su hermano Raúl el año pasado, todos sabemos que él sigue siendo el verdadero gobernante. Y esa permanencia es la que este grupo de presidentes admira. Muchos de ellos desean atornillarse por "secula seculorum" en el poder.

En América Latina hay una corriente de continuismo latente entre los gobernantes. Hombres y mujeres, de izquierda y derecha, se han enamorado de su posición y no quieren dejar el poder. Cada uno, a su modo, ha ido amañando las leyes de sus países para poder ser reelecto por varios periodos. Las Constituciones de diversas naciones han sido enmendadas, o están en el proceso de serlo con este único propósito.

Se esgrimen excusas variadas en busca de obtener el poder "eterno". Chávez desea quedarse, a la imagen y semejanza de su amado Castro, para asegurar y fortalecer su mal llamada Revolución Bolivariana. O sea, solidificar en Venezuela un régimen comunista igual al de la isla. Ya ha logrado centralizar gran parte del poder y va acabando poco a poco con las libertades y los derechos de los ciudadanos. Igual pasa con Rafael Correa, quien, de aprobarse la enmienda propuesta por él a la Carta Política de Ecuador, podría ser reelecto hasta el año 2017. El boliviano Evo Morales no se queda atrás; acaba de efectuar una risible huelga de hambre para lograr la aprobación de una ley que le permita ser reelegido. Y en Argentina, los Kishner se turnan el poder, una interesante modalidad de continuismo.

En Colombia, el presidente Uribe "quiere sin querer" repetir presidencia por un tercer periodo y tiene a todos los partidos y posibles candidatos al borde de un ataque de nervios con su: "tal vez sí, tal vez no".

No sé si esto líderes, y los pueblos que les dan sus altos niveles de popularidad, se dan cuenta hasta qué punto la permanencia en el poder desgasta la democracia, crea corrupción y amenaza a las minorías y al pluralismo, indispensables para la equidad. Acaso nadie recuerda lo que pasó con las reelecciones de Fujimori, Menem, Wasmosy y Aristides. Parecería que nuestros pueblos aún no tienen madurez política y no han aprendido nada de su propia historia.

Latinoamérica va hacia gobiernos dictatoriales, apalancados por el voto democrático. Peligrosa consecuencia del caudillismo, populismo y nacionalismo, la cual le costará muy caro a la región.