Histórico

Caterine y sus mariposas en la barriga

La campeona mundial estuvo en Medellín, y en El Colombiano con su alegría.

19 de septiembre de 2013

Mariposas en el estómago. Eso que sienten los enamorados, los adolescentes ansiosos, también lo vive la campeona mundial y medallista olímpica Caterine Ibargüen.

La mujer de oro, de diamantes, del blanco de su sonrisa gigante, por fin llegó a su casa. Atrás dejó a Moscú, donde fue campeona mundial; a Bruselas, en la que coronó la Liga Diamante; ayer estaba en Medellín, en la pista de atletismo con sus compañeros, en EL COLOMBIANO, con la gente que celebró su triunfo. Hoy la espera su casa, Urabá, la madre Francisca, la abuela Ayola. Su gente, su raza.

"Es una alegría, el año era el que había soñado. Fue casi perfecto", dijo la antioqueña, que estuvo imbatida en las nueve competencias internacionales en las que participó el año, incluyendo el histórico oro para el país en el Mundial de atletismo.

Primero estuvo en la pista. Se reencontró con compañeros de Selección, amigos de infancia, viejos entrenadores, rivales que ahora la ven desde afuera. "Tenía muchas ganas de venir a Antioquia, a Medellín, a ver a mis amigos, a mi gente".

En EL COLOMBIANO estuvo por más de una hora, cumpliendo una visita que se esperaba desde que ganó la medalla olímpica. "Aquí estoy". Junto a Julio Roberto Gómez, el dirigente que la acompaña y sin separarse de su novio Alexánder Ramos, Caterine mostró un lado lleno de sensibilidad, se rió con la gente, contó sus historias vestida como enfermera y cuando casi se desmaya en una sala de operación. También qué piensa cuando salta en competencia: "solo en hacerlo bien para que mi técnico (Ubaldo) Duanny no me regañe", sostiene con una alegría inconfundible. También de esas "mariposas en la barriga" que siente cada vez que la gente alza sus brazos y aplaude al compás de sus largas zancadas. Ella, esta vez sin velocidad, se tomó fotos con quien le pidió, respondió preguntas, escribió hasta mensajes, habló de este 2014, un año que ha sido "un regalo de la vida".

Su sonrisa se mantiene, gane o pierda. "Mis rivales saben que no es una burla, que es mi manera de ser,", dice la mujer, que como muchas, se demora una eternidad buscando el celular en el bolso, que busca combinar su ropa fuera de competencia, y que sueña con unos días en su natal Urabá, con la gente que la vio crecer, con la vieja Francisca y la abuela Ayola.

"Quiero estar con los que me apoyaron siempre, ver a la gente de Apartadó. Luego si vendrá el momento de estar con mi familia, abrazarlos, descansar, hacer otras cosas". La reina de los saltos también encanta con sus sonrisas y sus mariposas.