Histórico

CESE AL FUEGO Y DDR

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23 de enero de 2014

Todo comienzo de año se caracteriza por el optimismo y las buenas intenciones. Por ello, quiero en la primera columna del 2014, expresar con visión positiva algunas opiniones sobre el desarrollo del proceso de paz, aspecto sobre el cual, muy probablemente, va a gravitar la vida política en este año electoral.

Según los indicios conocidos, el proceso de negociación avanza ajustado a una metodología novedosa en Colombia, pero ampliamente probada en otros conflictos en el mundo, con un historial mayoritariamente exitoso pero no exento de fracasos. Afortunadamente en esta ocasión no queremos ser más papistas que el Papa.

El proceso visible inició con la discusión de los temas sustantivos y de orden estructural contenidos en los primeros puntos del "Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera". En este contexto se lograron acuerdos parciales sobre el tema del "Desarrollo agrario integral" y "participación política" para desembocar en la discusión actual sobre el problema de las drogas ilícitas. Si se llega al entendimiento formal en este aspecto, lo cual es altamente probable, se habrá cerrado una fase importante para entrar a la discusión de temas operativos y de procedimiento.

En esta nueva fase, que podría coincidir con el nuevo periodo gubernamental, la Nación deberá focalizar su atención en temas relevantes como el desarme, la desmovilización y la reincorporación de los subversivos a la normalidad civil en términos políticos, sociales y económicos, con plena sujeción a la ley y a las normas de sana convivencia. Adicionalmente, se habrán de acordar los aspectos de la justicia transicional, el resarcir a las víctimas, la selección de áreas de acantonamiento transitorio, tiempos y demás reglas de juego del proceso en curso.

De las anteriores líneas se puede deducir que estamos viviendo una etapa importante de la vida nacional pero a su vez compleja, riesgosa y con múltiples trampas en el camino. Las experiencias vividas en otros países tomaron varios años antes de la solución favorable o fracaso (el promedio supera los 3 años). A esto debemos agregar los tiempos para la refrendación popular de los acuerdos y la discusión de las leyes que permitan implementar y llevar a la práctica lo aprobado en las urnas.

Para que la ilusión no se nos acabe antes de tiempo, debemos entender que cincuenta años de un conflicto con causas estructurales, algunas de las cuales vienen desde la colonia, no puede solucionarse de la noche a la mañana ni ajeno a un compromiso paralelo para elevar el nivel de conciencia colectiva del país, que nos permita comprender los costos de un futuro exento de las condiciones adversas del presente.

Las Fuerzas Militares deberán prepararse para acompañar ese cambio de conciencia colectiva. Deberán gestionar esa dualidad de mantener el espíritu de lucha y la contundencia en el combate, a la vez que comprender las características, condiciones y responsabilidades potenciales en nuevas etapas del proceso, como el alto al fuego y el cese de hostilidades, la implantación de estructuras de transición y modificaciones en algunas esferas del poder público, a la vez que visualizar sus nuevos roles en el posconflicto.

Esa dualidad conceptual y esquemática tiene su fundamento en la aceptación de que el oficio del soldado es la guerra y su obligación es vencer, pero que la victoria no implica necesariamente el exterminio total del contrincante, sino la primacía de los intereses legítimos de la sociedad nacional sobre los apetititos grupales de cualquier orden.