Chaparrón no dañó la fiesta de cometas
EN EL PARQUE Juanes de la Paz, en Castilla, se realizó el festival Eleva tus sueños en familia. A pesar del agua, la gente salió de sus casas y llenó este espacio para aprovechar el viento que llegó frío, pero fuerte para alzarlas. Hubo premio para la familia más numerosa.
Un trueno asustó a los cometeros. Algunos, se resguardaron debajo de los techos, de las sombrillas y de los plásticos. Las goteras cayeron con fuerza, como un chaparrón, pero el cielo gris no se liberó de los puntos de colores.
El agua pasó rápido y la gente se volvió a acomodar. El viento corrió más frío y las pieles al aire, que le apostaron a las pintas veraniegas, se pusieron de gallina. Pero eso sí, el aire estaba bueno para alzar las cometas ayer en el Parque Juanes de la Paz, en el festival Eleva tus sueños en familia.
La lluvia no bajó los ánimos, solo afectó los salchipapas y perros de hambrientos comensales, y deterioró las cometas que tenían papel globo como base, pero las demás, resistieron. La de los Alejandros, Moncada y Suárez, duró apenas cinco minutos. Hizo un pique hacia una piedra y el material, ya mojado, no resistió. "Igual vinimos fue a divertirnos, a estar con los amigos".
Una pesada, pero más resistente, fue la que crearon Cristian Castañeda, Felipe Zuluaga y otros amigos, de nueve metros de ancho por tres de alto. Con los colores de la bandera de Colombia y una pita roja gruesa para resistir los jalones, consiguieron levantarla. "El viento tiene fuerza y la eleva, lo duro es sostenerla", afirmaron mientras clavaban los pies en la hierba para resistir.
Bien preparados
Hijo y sobrinos de Diana Moncada llegaron bien preparados al festival: se pusieron guantes para que el hilo que sostenía las cometas no les hiriera las manos. Con los ojos a medio cerrar por unas goteritas, confirmaron que el Parque Juanes era ideal para elevar. "Mera cuca es esto. Hay que aprovechar mientras llega el aguacero. Es que mírelo, ahí viene", afirmó Jorge Andrés.
Los jurados empezaron a analizar las cometas y a contar cabezas, porque había premio para las familias más numerosas que elevaran alguna. La familia Córdoba Colorado clasificó para la recta final, eran cinco y llevaron una que elaboraron ellos mismos, con telas y varillas. Incluso, la abuela se encargó de coserla. Un trabajo artesanal que valió la pena. "Es la primera vez que participamos. Queríamos estar en familia, divertirnos y el viento está sabroso", dijo Mary Colorado.
A los jueces también les llamó la atención la carita feliz de la cometa de Jerónimo, de dos años; y Clara, de cinco, que brincaron felices por la altura que alcanzó.
Como cuando salieron de la casa el sol estaba fuerte, Mónica Ríos y su hija Karen, se fueron sin chaquetas y con camisetas de manga corta. El cabello largo de Karen se fue enredando con el viento, como los hilos de los artefactos de colores. "No me importa mojarme porque estoy muy contenta".
Unos armaron carpas para resguardarse de la tormenta que creían que llegaría por las oscuras nubes que se posaron en el parque. Gloria, con un plato de arroz chino en la mano, miró el cielo y se puso contenta. "Mirá que estamos pasando tan bueno que hasta escampó".