Chávez, la incógnita perpetua
El estado de salud del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sigue navegando en el mar de las especulaciones desde cuando fue operado en Cuba, hace ya 20 días. Las contradicciones internas dentro del chavismo y la falta de una oposición madura que canalice el clima de incertidumbre demuestran que Chávez, para bien o para mal, sigue siendo el meridiano político en Venezuela.
En el mar de especulaciones sobre el que navega la salud del Presidente, lo único cierto en Venezuela es que Hugo Chávez sigue siendo el meridiano político de los venezolanos. El carácter personalista y de caudillo que el Coronel le ha imprimido al ejercicio del poder en casi 12 años ha dejado en evidencia que ni el chavismo tiene sucesor a la vista ni la oposición está preparada para reemplazar al inquilino de Miraflores.
Nadie, ni el propio Chávez, estaba preparado para una situación tan compleja e incierta como la que ahora vive Venezuela. Las contradicciones entre su círculo más íntimo sobre la salud del mandatario demuestran que el propio Presidente no cuenta ni ha hecho nada por tener una línea de mando unificada y, por el contrario, algunos ven con buenos ojos la posibilidad de su retiro del poder. La búsqueda de un sucesor, alentada por miembros del estamento militar, así lo demuestra.
La oposición, por su parte, no consigue establecer una agenda política que no sea alrededor de Chávez. Sin un líder natural, sin agenda y sin consenso sobre un candidato fuerte y creíble, la oposición ha desperdiciado espacios y momentos irrepetibles para convertirse en una opción de poder. No en vano, y alimentando aún más la incertidumbre, la pregunta que hoy recorre a Venezuela es cuál es el mejor escenario: si la permanencia en el poder, como lo pretende Chávez; o la ausencia temporal o total del líder, como lo sugieren los diagnósticos médicos.
Hasta los más enconados rivales del Coronel aseguran que lo peor que le podría pasar a Venezuela es la muerte del Presidente. De tal tamaño es la polarización y la fragmentación institucional, no sólo entre los venezolanos, sino dentro de las propias filas chavistas, incluidas las huestes militares.
La irresponsabilidad con la que el propio Gobierno venezolano ha manejado esta situación ha contribuido a las especulaciones que tanto denuncian sus voceros. Los lacónicos trinos de Chávez, otrora locuaz y provocador, no aclaran todas las preguntas que los venezolanos se hacen y sobre las cuales tienen derecho a obtener una respuesta. La gobernabilidad en Venezuela está en entredicho, y la estabilidad del orden institucional, comprometida. Aquí el enfermo no es cualquier "perico de los palotes". Es el Presidente.
Ahora, si todo esto obedece a una puesta en escena circense con motivo del Bicentenario, que será el 5 de julio, como lo advierten algunos sectores de opinión venezolanos, también resulta extremadamente grave.
Chávez no gobierna sólo para los chavistas, sino para el conjunto de la sociedad del vecino país, y muchas de sus decisiones comprometen la estabilidad regional. Colombia, como muchos otros países del hemisferio, mantiene importantes relaciones comerciales, políticas y de seguridad con Venezuela, y haría bien saber algo más de lo que dejan saber los trinos de Chávez.
La "batalla por la vida" que está dando el Comandante, al tenor de lo que dice su Canciller Nicolás Maduro, exige que los partes oficiales que salen de Miraflores sean precisos y confiables. Eso permitiría que no sólo los venezolanos, sino la comunidad internacional, incluida Colombia, sepamos a qué atenernos.
Claro que con Chávez, uno nunca sabe.