Histórico

Chepita lleva el peso de 48 años con la Milagrosa

JOSEFA SALAZAR, una jubilada de la Noel, recorre cuatro barrios del sur de Medellín llevando un mensaje de amor a María y de entrega y solidaridad con los más necesitados.

02 de agosto de 2011

La comunidad la llama la Virgen de Chepita; Chepita la bautizó La Monita, pero en realidad es la imagen de la Milagrosa, la que desde hace 48 años peregrina por las calles de cuatro barrios del sur de Medellín, durante tres meses.

El tímido tilín, tilín de una campanilla de cobre, en medio de la suave brisa de los meses de mayo, junio y julio, anuncia, en los hogares de Manzanares, Campoamor, Las Acacias y Holanda, el paso, en un coche para bebé, con la Virgen de la Medalla Milagrosa, cubierta de brillantes telas satinadas, blancas y azules.

Arrastrando la imagen, de unos 70 centímetros de altura, con paso lento por la dificultad de movimiento que le provocaron una fractura que sufrió al caer una alcantarilla sin tapa y una golpiza que le dio un ladrón por robarle la mesada, va Josefa Salazar Arbeláez, a quien en este sector de Medellín la conocen como Chepita. En su peregrinar la acompañan, hace varios años, tres o cuatro mujeres de avanzada edad.

Desde el primer día de mayo estas mujeres recorren cuadra a cuadra los cuatro barrios. Hacen una rifa y la familia, taller, empresa o colegio que se gana La Monita, tiene el privilegio de amanecer con la imagen y al otro día el premio mayor es el rezo del Rosario.

Esta costumbre es para algunas personas los caprichos de una rezandera, para otros una bendición y para esta humilde pensionada es el pago de una vieja promesa a la Madre de Dios por haberle permitido tener una casa frente a la empresa de la que salió jubilada y que siempre lleva en su alma: Industrias Noel.

"La fábrica quedaba en Boyacá con Carabobo y yo vivía en Buenos Aires, pero cuando la Noel se vino para Guayabal, le imploré a La Monita, que me diera una casa que vi al frente. A los días me llamaron de Fraternidad Caritativa, que construyó a Campoamor, y me la adjudicaron. Desde ese momento le prometí que la haría conocer y amar de esa comunidad a la que Dios les había ayudado a conseguir un hogar digno", comentó Chepita.

En cumplimiento de esa promesa, en 1963 inició las primeras incursiones nocturnas con la imagen de la Virgen llevada en andas por varios niños disfrazados de angelitos, mientras que otro puñado de infantes la seguía con farolitos de papel de globo blanco y azul. Al finalizar el mes, el premio era una colorida procesión. Años después, con la ayuda de empleados y obreros de la Noel, le añadió a esta fiesta una cena en su casa, para compartir mercados con las personas necesitadas.

Aunque hoy los niños sólo la acompañan en la procesión, la peregrinación de La Monita y el rezo del Rosario se extiende a junio y julio, porque el sector creció. "Aunque hay gente que le fastidia lo que hago, a muchos creyentes y pequeños empresarios de estos barrios les gusta ganarse la rifa e invitan a sus amigos y empleados a rezar el Rosario, dice Chepita, quien se siente orgullosa de tener a la Virgen como su consejera.