Histórico

Cincuenta años ante el mar

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11 de agosto de 2008

Para celebrar los 50 años de municipalidad de Arboletes, lo mejor es conversar al frente del mar. Son dos personajes, Teófilo Nuñez Tovar, que la gente conoce como el Mocho, y Jairo Aníbal Molina, hombres que viven día a día con el conocimiento de este rincón de Antioquia, que es el inicio de la inmensidad.

Se encuentran en la playa que sirve de baño para los centenares de turistas que vienen.

El primero en hablar es el Mocho. Así lo conocen, porque al momento de nacer, causada por una emergencia, nació con un pequeño problema en su mano izquierda.

Pero eso no ha sido un impedimento para convertirse en el voceador del municipio. Diariamente, con un parlante terciado al hombro, se pasea por las calles principales de Arboletes, relatando las principales noticias, el número de la lotería, o las obras más importantes que desarrolla la administración municipal.

Pero lo que pocos saben, es que es un historiador natural, sabe como llegaron los primeros pobladores, el origen del nombre, de las calles. Porqué llegó a ser municipio.

"Cuando inició el siglo pasado, Arboletes no existía. Era un lugar despoblado propiedad de José Reales", comienza su relato.

Y entonces cuenta que en 1902 llegó a estas tierras un hombre, José Torres Vargas y que de inmediato se sorprendió con la fertilidad de la tierra. "Comenzó a cultivarse mucho arroz. Primero se comercializó en Puerto Rey, pero poco a poco estos cultivadores comenzaron a asentarse en los terrenos cercanos".

Sin embargo, según el Mocho, estas tierras de Arboletes todavía le pertenecían a José Reales, quien primero prohibió sembrar cualquier cosa, pero después les permitió el desarrollo de los sembrados, a cambio de un quinto de lo producido.

"Hacia 1906 se fue formando un caserío. La primera vía de Arboletes se llamó la calle del Afrecho, porque allí era donde las mujeres que quitaban las cáscaras al arroz en unas pilonas enormes".

Y el desarrollo fue tal, que aquellos primeros pobladores, en especial el descubridor y el dueño de la tierra fundaron el 20 de julio de 1920, el poblado de Arboletes.

"Bautizado así, porque la gente reconocía esta zona por la cantidad y el tamaño de algunos árboles de la época", afirmó el Mocho.

La leyenda del volcán
El Mocho también recuerda que antes el volcán de lodo era llamado el hogar del diablo. "La gente creía que la zona del volcán estaba embrujado y que allí se reunían brujas en un aquelarre que duraba toda la noche", explicó.

La razón para semejante terror era el olor a azufre que sale todo el día por sus burbujas en el centro del volcán.

Pero el tiempo de la ciencia daría el giro definitivo. Una comisión de estudiantes de la Universidad de Antioquia llegó en 1963 al lugar para descubrir su misterio. Este grupo de estudiantes tuvo como guía un valiente hombre que era tartamudo.

Resulta que cuando llegaron al lugar, por un accidente, Pitití, cómo era conocido el guía, cayó en el lodo y no se hundió.

"Desde entonces la gente convirtió este lugar oscuro, en el centro turístico del Urabá antioqueño", concluyó el Mocho.

El futuro
El viento hace que el mar se envalentone y arrecia su llegada a la playa. Por encima de estos dos personajes pasan volando un grupo de garzas que cantan sobre ellos. La brisa se suaviza.

Después varios años, y con la protesta seria del departamento de Bolívar, el Gobernador de Antioquia, Pío Quinto Rengifo, mediante la resolución 012 del 6 de agosto de 1958, el corregimiento de Arboletes se convirtió en municipio. Tenía en ese entonces 600 habitantes y cuatro calles: La 20 de julio, la 12 de octubre, la carrera 30 y la ya conocida calle del Afrecho, que actualmente es conocida como la 7 de agosto.

Jairo Aníbal Molina es un sabio de Arboletes. Lo conoce al derecho y al revés, porque desde hace algunos años se ha dedicado a estudiar sus posibilidades y sus limitaciones. Para Jairo, el crecimiento desordenado del municipio, no ha permitido desarrollar dos de sus grandes potenciales: la agricultura y el turismo.

"La ganadería acabó con una riqueza de este municipio, que era la fertilidad de la tierra. Aquí es más importante una vaca que un ser humano o un animal. Y eso no debe ser así", dijo mientras se remangaba el bluyín para que no lo moje el mar.

"Ahora, aquí no hay un plan ordenado para desarollar el turismo. Pocas playas como las de Arboletes, pocos espacios con tanto potencial, pero no hay vías, ni inversiones hoteleras ni nada".

Pero su llamado de atención va mucho más allá, que son las medidas que se deben tomar para evitar que el mar se siga comiendo las playas de Arboletes.

"Es algo delicado, que pienso, debe tener apoyo nacional, que debe ser cuidar las playas, porque cada vez queda menos arena, debido a la deforestación en este sector, la tierra no ha tenido protección y eso es grave", afirmó.

Por lo pronto, sus ideas se han tenido en cuenta en la administración municipal de Arboletes, que ya inició un proyecto para construir varios espolones en forma de T, para ganarle espacio al mar y evitar que el lugar donde se lavan los "enlodados" que bajan del volcán a limpiarse, se queden sin espacio para disfrutar del sol y la arena.

El Mocho y Jairo Aníbal se van juntos como el final de una famosa película, seguirán hablando de lo que su es tema favorito: Arboletes, que por estos días cumple 50 años de municipalidad y bien vale la pena conversar al lado de este hermoso mar.