CIUDADANOS DE SEGUNDA CATEGORÍA
Los países que pretenden formar ciudadanos críticos, profesionales y una élite pensante capaz de producir transformaciones importantes, saben que la formación en historia y geografía es lo que crea en el ser humano el concepto de identidad nacional. Se puede medir la importancia que un Estado le otorga a la educación, desde los énfasis que hace en los niveles básico y medio; ahí se mide el aceite sobre el tipo de ciudadanos que pretende construir.
La educación colombiana rebajó su calidad a raíz de los cambios insertados desde 1994 porque, entre otras razones, se diluyó la enseñanza clara y diferenciada de la historia y la geografía de Colombia. Cuando una persona desconoce los elementos fundantes de estas dos materias, no sabe bien dónde está (geografía) ni entiende por qué está ahí (historia), por lo que carece de razones para defender su lugar en la tierra y por ello tampoco logra construir una clara posición política (relación con los otros).
La historia y la geografía son básicamente las materias que permiten formar ciudadanos capaces de hacer conexiones y comparaciones entre diferentes contextos y así lograr formarse un juicio crítico, entre otras cosas, sobre la forma como se gobierna su país.
La educación pretende formar personas que aporten en el mejoramiento de su sociedad, pero si carecen de las bases necesarias para lograrlo, que son las que dan la historia de su mundo cercano y de la geografía del lugar que habitan, las nuevas generaciones jamás tendrán la posibilidad de mejorar lo que no conocen.
Los países que en su proceso educativo enmarañaron sus cátedras de historia y geografía, dice el historiador Ramón Maya, están construyendo ciudadanos de segunda categoría internacional, pues son vulnerables debido al desconocimiento que los lleva a despreciar lo propio. En Colombia el énfasis educativo está en aprender a hacer; parece que no interesa que la gente tenga bases para aprender a pensar (que se logra cuando se puede comparar y se compara lo que se conoce).
Hablando en los términos que hoy tanto gustan, hay que decir que para formar una sociedad capaz de competir en un mundo globalizado, hay que empezar por conocer y entender lo propio y lo local, y así tener un punto de partida, una base, un fundamento, un asidero. Razón tenía Josep Fontana al decir que el primer piso de la educación debe ser la historia, lo que tanto nos hace falta.