Histórico

Clásicos que tienen tantos años como historias

07 de agosto de 2013

Cuando don Efraín vio ese carro amarillo no esperó, ni siquiera, que lo parquearan y se fue a preguntarle al conductor si ese auto, en verdad, era el que él había manejado cuando tenía 20 años. Ese era. Un camión repartidor de gaseosa, de 1945.

"Lo manejé por ahí unos cuatro años en Tuluá Valle, cuando empezó a llegar la Coca Cola en cajas de cartón". Fue su primer trabajo. "Mira, me pongo arrozudo y todo".

Es que Efraín Hernández ya tiene 80 años y no se imaginó que ese grande de letras rojas, del que tanto le contaba a su esposa María Hernández, que es cubana, se le iba a poner de frente, para una foto. Para volver a los recuerdos de hace tantos años: "Le cabían 54 cajas, de a 24 botellitas. A cinco centavos cada una".

Después no dejó de hablar. Se acordó que le pasaba mucho que le robaban las botellas de atrás y el cogía dos, las destapaba rápido y bañaba a los muchachos con ellas. "Se asustaban. Salían corriendo (risas)". No estuvo lejos de lo que le pasó al carro en el desfile: cuando iba por la Regional, en una parada, las personas se fueron por su gaseosa. No tan ordenados como los que le tocaron a don Efraín. Más penoso.

Cuánto le hubiera gustado recordar esos buenos tiempos (no los del desfile, por supuesto). Don Efraín lo miró y lo volvió a mirar. Luego se montó en su Ford 48, en el que sale todos los años.

Emociones
Don Humberto Tamayo prendió el carro de bomberos de 1928, con el puro en la boca. El puro fue su compañía cuando contó, a todos a los que les repitió la historia, que ese carro lo hizo él, con sus propias manos, después de investigar la construcción y los detalles de lo que tendría un carro de bomberos de esa época.

Por eso, porque encontró, el rojo aquel, que matriculó con la marca HumbertoDj, tiene elementos ingleses y americanos. "Es un homenaje al sacrificio. Los bomberos han sido personas muy olvidadas y siempre están ahí, pendientes de nosotros".

Solo que hubo un momento más emocionante, que tampoco le hizo botar el puro: el desfile empezó y uno de los primeros en pasar fue el Tranvía. Don Humberto, que iría manejando el de Bomberos, que aún no arrancaba, salió corriendo, feliz, a ver esa pieza de tren que rodó hasta el 52. "Lo restauramos y recuperamos en siete meses". Lo vio bello, perfecto.
Los carros clásicos no solo han sumado años. También historias. Los microcarros tienen las suyas y ayer rodaron como grandes. Eran 23, uno tras otro, sin ocupar ni la mitad de la calle. Ni un cuarto, siquiera.

Casi todos rodaron en sus propias llantas, pero el Goggomobil desfiló en niñera, igual de brillante a los demás. Igual de elegante. "Es un microcarro, motorcito de 350 cc, 14 caballos. Tiene dos pistones y estoy bregando a terminarlo. Todavía el bebé no camina", dice Arturo Vayda, experto en autos clásicos. Ahí iba, de todas maneras, para mostrar su pequeñez. Su color azul. Su cuento: origen alemán, ensamblado en España.

Grandes o pequeños, medianos o muy grandes, los carros fueron devolviendo a Medellín a un montón de épocas que ya se fueron. Muchas emociones juntas, como la de don Efraín, que si hubiera sido por él, le hubiera cambiado el Ford al conductor del camión de Coca Cola.