Histórico

Cocina en frenético ritmo rock

DOS FORMAS DE ver la gastronomía tienen Alfonso Cadena y José Ramón Castillo. Ellos la comparten, desde hoy, en el encuentro Otro Sabor.

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19 de agosto de 2010

Cuando sale, por fin, de la cocina en su restaurante La Leche , en Puerto Vallarta, en México, Alfonso Cadena toma la guitarra y se sube al escenario a cantar sus ´covers´ ochenteros. Y allí se combinan los resultados que más le gustan: un poco de inspirado rock con el mejor nutriente de todos: la imaginación.

Porque en su cocina, la palabra que le gusta y que define su oficio, Alfonso sigue un orden claro, pero ama la improvisación. Cree que es una labor "artesanal" y asegura que tiene ritmo, como una melodía o una composición.

Ahora ya no "tiene que demostrar" lo que sabe o de lo que es capaz. Ya se goza de un prestigio que lo ha llevado a ser uno de los chef estrella del canal Gourmet, tener su restaurante y viajar por el mundo.

Este fin de semana estará presente en presente en Otro Sabor, que comienza en la tarde, en el Jardín Botánico.

Y por ello está "emocionado". Él disfruta de las pequeñas cosas, como una clase en la Colegiatura Colombiana donde llegó a enseñar. Con cariño saludó a sus ayudantes Marcela Jaramillo y Carolina Duque con quienes disfrutó hacer su propia versión de una receta.

Del diseño a la cocina
Llegar a este punto ha sido posible gracias a un recorrido lleno de caminos imprevistos, a veces. Hace parte de una familia muy gastronómica, con influencia francesa por parte de su abuela, padre y tías, quienes le enseñaron que comer y cocinar es sinónimo de "compartir".

Luego estudió diseño gráfico y aunque hay quienes todavía le dicen que ese valioso tiempo lo hubiese podido dedicar a aprender de este oficio, él cree que ese estudio le sirvió para entender lo que hace ahora.

Sabe que su producto es la "estrella del cocinero", y por ello, se levanta temprano, va al mercado y elige el pescado del día. Nada permanece congelado, excepto los helados y a diario cambia el menú. Eso le obliga a reinventarse todo el tiempo.

Por ello es que se nutre de los viajes. Ha llegado adonde están las comunidades indígenas con las que ha aprendido como hacer un buen mole poblano y le gusta recorrer los lugares de "cocina urbana". No cambia un taquito y le encanta todo lo que va horneado. "Soy visceral; de emociones", dice.

Y con el instinto y esa energía que a veces saca cuando monta en patineta, es que la cocina se convierte en un goce. El mejor luegar para estar y en el que nada queda igual después de pasar por sus manos.