Histórico

COLONIALISMO NAVIDEÑO

23 de diciembre de 2013

–¿En tu casa quién trae los regalos?–, sondeo entre la redacción.

–Papá Nöel, responde la mayoría de encuestados tan campante.

Perplejo ante tamaña afrenta a las tradiciones navideñas me revuelvo y espeto sin miramientos: «¡A santo de qué… Si lo nuestro son los Reyes Magos, el 6 de enero...».

–Ya majo, pero es que si no los niños no tienen tiempo de jugar con los regalos durante sus vacaciones–, arguyen los más, como si las criaturas no tuvieran todo el año para esparcir las piezas diminutas diseñadas por un enloquecido juguetero por cualquier parte.

–¿Acaso los niños sólo juegan en vacaciones?–, me pregunto.

Como mi enojo va en aumento y las venas de mi cuello se inflaman como las de un cantaor flamenco, los traidores apostillan que también «algo cae» en la noche de Reyes. Por lo visto Melchor, Gaspar y Baltasar se encargan de repartir las sobras, un detallito para que los chavales no las píen. Subcontratados por la multinacional americana Santa & Noël, han quedado convertidos en mano de obra barata llegada de Oriente para hacer el trabajo sucio mientras el orondo San Nicolás (otra franquicia de Santa) se lleva toda la fama y ocupa con su silueta los escaparates de las tiendas.

Miro a mi alrededor en las calles de Madrid y por cada diez figuras rojas y blancas adornando las aceras encuentro apenas una o dos de nuestros Reyes Magos. El colonialismo gringo está a un paso de cargarse otra de nuestras más íntimas celebraciones. Aún no, pero denle un par de lustros y, como anormales, dejaremos de entregar regalos en enero, al contrario que el resto de naciones. Sólo para uniformarnos con la mayor parte del planeta.

Ni siquiera es culpa del Sr. Nöel. Pobre. Bastante tiene él con calzarse cada año ese trajecito dos tallas menores. Normal que aparezca siempre con la narizota enrojecida a fuerza de empinar el codo. La culpa es enteramente nuestra, por creernos más modernos al celebrar tradiciones que nos son completamente ajenas. Es lo mismo en todas partes.

Díganme si no qué diantres pinta Santa repartiendo ilusiones con gorro y trineo en Cartagena de Indias, Medellín, Cali y hasta en Bogotá. Con el calor que hace y vestido para irse a esquiar. ¿Y los renos? ¿Alguien ha visto un reno más abajo del Canadá? Pero si esos bichos se asfixian en cuanto hace 20 grados. Un sindios, vaya.

Sin embargo, nuestros Reyes Magos están acostumbrados al calorcito mediterráneo y caribeño. Y vienen del desierto, un lugar mucho más enigmático que la tundra esa donde hace un frío que pela.

Pero no es esta la única tradición anglosajona que últimamente se extiende por todo el mundo como la peste. Vean si no el dichoso Halloween, el Black Friday o el mismísimo, cervecero y muy irlandés Saint Patrick"s Day (la única excepción que me permito, por razones obvias). Nos los han metido sin enterarnos y nosotros tan felices. A base de celebrar lo que sea, con tal de forzarnos a consumir a todas horas, acabaremos haciendo nuestro el Día de Acción de Gracias y comiendo pavo relleno hasta hartarnos como idiotas. Un sinsentido.

Quienes se prestan tan ufanos a este juego parecen no darse cuenta de su trascendencia. Nuestras navidades duran el doble que las del resto de la Tierra. Se alargan hasta bien entrado enero. ¿Qué pasará si dejamos a los Reyes Magos sin trabajo? Que nos birlarán un día festivo. Y eso sí que no.

Así que advierto: como vea entrando por mi casa a ese sujeto orondo y borrachín le descerrajo dos tiros en la sien por allanamiento de morada. Yo sólo les abro la puerta a los Reyes Magos. Y eso que soy republicano. ¡Felices Pascuas!