Como el cangrejo
En la declaración suscrita en Doha en noviembre de 2001 por los países que integran la Organización Mundial de Comercio (OMC), se dijo que el comercio internacional puede jugar un papel fundamental en la promoción del desarrollo económico y la superación de la pobreza. Por lo tanto, que sería necesario acordar la liberación del comercio mundial de bienes agrícolas, los cuales son objeto de elevados aranceles y subsidios por parte de los países ricos en perjuicio de algunos de los más atrasados: aquellos que podrían exportarlos en mayor cantidad y a precios mayores. Las negociaciones, que debieron concluir en enero de 2005, se encuentran estancadas.
Por desgracia, la recesión de la economía mundial ha provocado el auge generalizado de medidas proteccionistas que ningún problema estructural resuelven. En realidad, "avanzamos hacia atrás como el cangrejo". El rescate del sector automotriz de los Estados Unidos, por ejemplo, implica una excepción gigantesca, que pocos años atrás nadie hubiera imaginado, al principio de la selección de los mejores por el mercado.
El paquete de estímulos económicos que se cocina en su Congreso exige que las nuevas obras de infraestructura se construyan con acero nacional; y que la compra de 100.000 uniformes para empleados estatales sólo pueda financiarse con estos recursos si los insumos y la mano de obra son nacionales.
Lo anterior va en contra de las reglas sobre igualdad de trato y no discriminación entre proveedores domésticos y foráneos acordadas en la OMC; también pugna con las promesas contenidas en la Declaración del G-20 en su reunión del pasado noviembre. Además, implica una profunda pérdida de la fe de los Estados Unidos en los principios económicos a los que debe su prosperidad. Quién lo creyera: el primer mundo imitando al tercero.
Estancadas las negociaciones en Ginebra, la agenda de problemas que inciden en el comercio mundial ha venido ampliándose sin que se vislumbren soluciones. China impide la flotación del yuan al que mantiene subvaluado mediante la acumulación masiva de reservas por su banco central. Esta estrategia es vista por muchos como mecanismo indirecto de subsidio a sus exportaciones y de gravamen a las importaciones. Para evitar el riesgo de retaliaciones, que podrían desatar una guerra comercial de consecuencias gravísimas, convendría acordar unas reglas para el manejo de las paridades cambiarias. No es fácil: ningún concepto más elusivo que el de "tasa de cambio de equilibrio".
El petróleo continuará siendo a mediano plazo fuente principal de energía. Esta situación hace aconsejable encontrar un mecanismo para evitar las agudas fluctuaciones en su precio que hoy ocurren como consecuencia de su cartelización por un grupo de países productores. Hacerlo iría en beneficio suyo tanto como de los consumidores.
Los fondos de inversión soberanos organizados por China y los países petroleros del Golfo Pérsico para manejar los enormes volúmenes de riqueza que detentan, son vistos con interés pero, al mismo tiempo, con suspicacia en distintas partes del mundo. El Congreso de Estados Unidos, por ejemplo, ha bloqueado las inversiones que querían hacer fondos chinos y de Dubai en sus sectores energético y portuario, respectivamente. Los acuerdos sobre este asunto que han venido negociándose en el seno del FMI deben expandirse y consolidarse.
La historia no es la cronología del progreso de la humanidad; con frecuencia lo es de sus retrocesos. El proceso de globalización económica se detuvo durante el largo periodo que va desde comienzo de la Primera Guerra Mundial hasta el fin de la Segunda. A su vez, la sustancial reducción de la pobreza que ha tenido lugar en China, la India y aún en Colombia, no habría sido posible sin que sus economías hubieran estado jalonadas por las exportaciones. Ojalá los líderes del mundo lo tengan claro.