Histórico

Cómo evitar más lápidas y tumbas río abajo (y 2)

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05 de mayo de 2011

Hablábamos la semana pasada de una verdad poco entendida: los estragos invernales de 2010-2011 no se deben a La Niña sino a más de 200 años de ultraje despiadado a nuestros recursos naturales.

No es solo el fenómeno cíclico. Esto agrava los problemas, pero con seguridad el próximo invierno, sin Niña, volverán las aguas sobre Nechí y La Mojana, el Magdalena se desbordará, el Cauca inundará el Valle hasta Bolívar, por nuestras laderas rodarán tierra, vidas y lágrimas, y así por el estilo, y nuestros gobernantes escogerán con ojo milimétrico a dónde ir a hacer presencia. ¿Qué hacer?

Es momento de trabajar en dos tiempos. Es palpable que las cabezas de nuestras administraciones no conocen mucho del tema climático (se nota a leguas) y que poco les ha interesado, pero es hora de que se asesoren como debe ser y, al menos, instruyan para trabajar en dos dimensiones. Una, la actual, la de los paños curativos y lamentos diarios, que deberán proseguir. La otra: en la planeación y el estudio del futuro climático con funcionarios y científicos de primer orden, para que se comience a analizar qué puede suceder a mediano y largo plazo, dónde y cómo se podría sentir el mayor impacto bajo distintas variables (desde esa que le da permiso a todo ultraje a la naturaleza, hasta el control efectivo de algunas actividades que provocarán más daño).

Viene en camino para el Área Metropolitana un sistema de alertas tempranas, necesario, así llegue, como dice el cuento, varios muertos después, pero es una parte de lo que hay que hacer. Si no se estudian con seriedad los efectos del clima en nuestra región, habrá que seguir corriendo a evacuar, reconstruir y a enterrar muertos.

Una tarea urgente. A ver quién se da la pela, porque... no da votos, pero evita lápidas.

Una tarea que exige racionalidad. Nada de locuras. Decía el ministro del Interior, Germán Vargas, que las corporaciones autónomas deben dedicarse solo a la prevención. Grave error producto de la calentura y quizás del desconocimiento. Esa debe ser una función, pero como dice Suso, qué tal, póngase a pensar cómo sería trabajando sólo en eso, sin herramientas para un control efectivo a los depredadores y por la defensa de los recursos que quedan: Es esa protección la que asegura que las cosas no empeoren y, de pronto, en ciertas áreas pueda revertirse el daño hecho a la tierra. El que entendió, entendió.

Hay otro punto vital: ¿qué corporación valdrá mientras no se defina qué tipo de desarrollo se desea?

¿Se podrá prevenir, como sugiere el Ministro, si como ha sucedido hasta hoy, una licencia no se le niega a nadie y persiste, como todo lo sugiere, el modelo extractor? Una cuestión fundamental de cara a reducir el número de tumbas río abajo.

Maullido: desde el jueves 12 esta columna continuará apareciendo los jueves.