Histórico

Como van bien, debemos reformar

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24 de septiembre de 2010

Diferentes personas proponen eliminar o cambiar la destinación de una parte de los aportes que hacen los empresarios a las Cajas de Compensación Familiar. Unos creen que es la solución para crear puestos de trabajo y otros encuentran, en esos recursos, la fuente para cubrir parte de los faltantes del sector de la salud.

Hugo López, experto en mercado laboral, afirma que si se eliminan los parafiscales (Sena, ICBF y Cajas de Compensación), se crearían un máximo de 280.000 nuevos empleos. Cifra que si bien es significativa, no compensa el riesgo social que se podría correr.

Nadie puede asegurar que el Presupuesto General de la Nación pueda destinar los recursos para el funcionamiento de estas entidades.

Algunos gobernadores proponen que se destinen ochocientos mil millones de las cajas para financiar parte del gasto en salud de los departamentos. Mientras tanto otros abogan para que esos recursos paguen servicios médicos no incluidos en el Pos contributivo. Estas ideas, que parecen interesantes como ejercicio teórico, pueden ser graves para el desarrollo social. Hoy, las Cajas de Compensación son un pilar muy importante de la cohesión social.

Durante el gobierno Uribe, se duplicó el número de empresas que aportan al subsidio familiar. Los afiliados crecieron 68%, llegando a cerca de 15 millones; se liquidaron o fusionaron 16 cajas, optimizando así algunos recursos del sector.

Las cajas pasaron a administrar los programas de vivienda, hicieron alianzas con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y las secretarías de educación, y fortalecieron su presencia en programas de aseguramiento y prestación de servicios de salud.

Ahora bien. Quedaron varias cosas pendientes por hacer. Por ejemplo, disminuir mucho más el número de cajas y permitir que los servicios que prestan no se limiten al departamento al cual pertenecen, sino que puedan tener cobertura nacional. Esto promueve la competitividad y la eficiencia y permite que todos los trabajadores, independiente del lugar en donde vivan, reciban servicios de igual calidad.

Adicionalmente, y dejando claro que soy un defensor del sistema de subsidio y no soy partidario de bajar los aportes a las cajas, reconozco que el sistema de subsidio familiar puede ser más eficiente. Por ejemplo, las cajas podrían extender los programas de microcréditos a la población más pobre, muchos de ellos no afiliados a las cajas. Igualmente, podrían optimizar el uso de la infraestructura de recreación con programas dirigidos a los adultos mayores, especialmente a aquellos que durante un tiempo determinado aportaron al sistema de subsidio y no llegaron a pensionarse. Estos programas se podrían ofrecer en días de poca ocupación para así aprovechar la excelente infraestructura de las cajas.

Por último, no comparto la propuesta de cambiar la destinación de algunos recursos para destinarlos a la salud. Esto no soluciona el problema del No Pos y se pondría en riesgo la estabilidad de un instrumento importante de desarrollo social. Las cajas deben ser entendidas como un instrumento para construir y fortalecer la democracia. Pocos países tienen espacios como las Cajas de Compensación, el ICBF y el Sena en el cual empresarios y trabajadores se sientan a discutir e implementar programas sociales. Eso es tejer democracia.

Hay que reflexionar y discutir profundamente este tema tan vital, no sea que, para atender y darle caldito al pollito enfermo, matemos el sano y dentro de poco todos lo estemos lamentando.