¿Con manúscula o con miyúscula?
Una noche de insomnio, un austríaco, con porte inglés, me descargó la pintura de su aerosol en el muro frontal del cráneo: "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente", decía el grafiti.
Vivo con las palabras. Me alimento de ellas. Pienso en el eco que forman sus sonidos en la cabeza de un sordo, y me pregunto cómo se marcan los acentos en el lenguaje de señas, o si la geografía de la escritura Braille transmite imágenes tan alegóricas como las del alfabeto con el que crecí (la M un suspiro de cordillera; la S, una serpiente que se despierta al son de la flauta...).
Por eso, hoy me inquieta una particular forma de comunicación.
Les presento el Diccionario de la Real Epidemia de la Lengua (DREL), concebido para desterrar a la tinta y el grafito y transferir la vida entera a una pantalla y, por ahí derecho, infectar todas las posibles formas de la escritura.
El DREL ha redefinido la destreza evolutiva de los pulgares prensiles. Ps (pues), Dnd tan t2 (¿Dónde están todos?), tb (también), k (que), pq (porque), gvn (?). Y, por supuesto, no es inmune a los anglicismos: WTF (What the fuck?: ¿qué diablos?), OMG (Oh my God: Oh Dios mío), U2 (you too: tú también) y K (por O.K. Sí, entiendo... ¡es tan dispendioso digitar una O!).
Google ya despliega glosarios "chat", con la finalidad básica de aliviar al hombre contemporáneo de su mayor afán: iniciar un nuevo chat. Es imperativo andar, por lo menos, con diez conversaciones abiertas simultáneamente con Richis, Juanis, Tatis y Juanpis.
Pero el DREL no es tan inocente como parece. Desborda los límites del Blackberry y del iPhone. Tiene una consecuencia que supera a la búsqueda de la mínima representación gráfica de cada vocablo: el absoluto descuido por la expresión escrita.
El DREL nos convierte automáticamente en traductores:
¿A cuál clasificación botánica pertenecen las "habeces" *? A la del Árbol del Bien babosear y del Mal escribir: la palabra buscada es "a veces".
¿En qué canal dan la serie "La zania"? En el de cocina; la palabra correcta es "lasaña".
¿A cuál especie pertenecen los "avían"? A los que vuelan con el verbo haber. La palabra es "había".
No sobra advertir que los "avían" son del mismo género de los "han habido" ("ha habido"), los "hubieron" y los "habíamos" ("hubo"), cuya observación por parte de los ornitólogos del lenguaje es bastante complicada, pues estos seres alados anidan en las cumbres escarpadas de la petulancia: nadie tiene por qué mostrarles cómo hablar y escribir.
Vaya paradoja: ¡por "ahorrar tiempo", debemos pasar horas descifrando un nuevo código!
Como suelen hacerlo los buenos grafiteros, Ludwig Wittgenstein dejó su marca, y emprendió la huida. Pero no me dejó sola...
Hace unos días mi hija, que está en kínder, me preguntó emocionada: "¿Quieres que te escriba mi nombre con manúscula o con miyúscula?". ("¡Qué gran titular!", observó mi colega Ricardo Bada).
Sin duda, los límites miyúsculos de su lenguaje despejarán los horizontes manúsculos de su mente.
* Gazapos de la vida real.