Histórico

Con pinta para un carro del 47

EL FORD COUPE de Jaime Garcés tiene 63 años, que no se le notan por ningún lado. Lo cuida desde hace 18, y hoy se paseará brillante por la ciudad.

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06 de agosto de 2010

A Jaime Garcés le pasó lo contrario del dicho. El que no busca, encuentra. Y por eso, en un paso por Pensilvania, Caldas, se encontró con La Iguana. Estaba con un choque, servía de nido de gallinas y de abono para los tomates. Entonces decidió comprarlo.

El carro de Jaime es verde, modelo 47. "Yo le llevo 11 años", se ríe.

Es un Ford coupe de 1947, que tiene el 92 por ciento de originalidad, dice él, orgulloso.

Lo tiene hace unos 18 años, aunque se demoró seis para arreglarlo. "La cuestión económica. Yo lo iba organizando cuando tenía forma y moneditas, hasta que quedó en el estado en que está". Mejor dicho, funciona bien, "en todos sus aspectos".

El carro, la Iguana, en la época era para el uso de la familia, sobre todo el de dos puertas. Los de 4, narra Jaime, eran taxis. Eso porque "son supremamente trocheros". Recuerda que cuando estaba pequeño le tocó montar en ellos, aunque "no mucho, porque no había con que pagar el taxi".

Ahora lo tiene full, tanto que hace año y medio le dieron la placa de antiguo, que se obtiene después de varios peritos y si el carro tiene más del 90 por ciento de sus elementos originales, más de 35 años y está en estado óptimo.

El carro anda perfecto, con la fuerza de sus 2.800 centímetros cúbicos. No tiene retrovisores, porque en esa época no se usaban. Ni tampoco luces direccionales, pero sí medidor de temperatura, de gasolina, aceite, batería y hasta reloj. Uno grande, redondo, al lado del conductor. Y ni que decir de la lámpara del lado izquierdo, que se usaba en la época para ubicarse bien, porque en esa época, no había alumbrado público.

El conductor le queda perfecto. Don Jaime es un señor de boina y bigote, alto, apenas para el Ford, que no es nada pequeño.

"Ellos se vuelven el cariño verdadero", cuenta él. Y se le nota en la emoción en que lo describe, en que explica detalles, en que está pendiente de él para corregirle las fallas. En que se lo conoce de memoria.

A desfilar con orgullo
Con el desfile de hoy, Jaime Garcés llega al número 13. Le encanta y se lo goza. Siempre sale con un traje de la época y con su pipa, por eso, a veces, durante el desfile le gritan Popeye. Y también suegro: casi siempre lo acompaña una mujer, aunque esta vez, será su sobrino, que viene de Canadá.

Y le gusta salir en su carro porque "uno sabe que es una joya y porque el desfile tiene un mérito filantrópico. Con lo que pagamos, se benefician muchas fundaciones", explica el dueño del Ford.

Su carro, ese que lo ha hecho conocer amigos, ya está listo para hoy. Siempre está listo. A veces lo saca a dar una vuelta, lo está prendiendo constantemente, para mantenerlo bien, pero hoy está reluciente.

"Yo quiero mucho a este carro", concluye. Y se le nota por encima.