Confieso: me robé cuatro matas
Con la autoridad que le da toda una vida confiada a la investigación botánica, recorriendo el país y hallando parte de sus secretos, Álvaro Cogollo exclamó el jueves ante estupefacta audiencia: "encarcélenme que robé cuatro matas". No está seguro si la culpa de su acción se la deben achacar a un mico, un ave o quién sabe más que partió la ramita que halló. Podrían encarcelarlos a todos. También podría ir a la fría guandoca el funcionario que entregó la licencia para que en el sitio donde encontró la ramita, se adelante una explotación de calizas.
Ese trozo de planta le llamó tanto la atención que comenzó a investigarla. Al fin la encontró: es de una planta única en Suramérica. Con dificultad arrancó cuatro y hoy tres viven en el Jardín Botánico de Medellín.
Eso no se hace, está mal hecho, pero es que, recordó, "en Colombia es más fácil conseguir licencia para destruir un bosque, que para estudiarlo, usar sus recursos y conservarlos sosteniblemente". Hace poco, una plantación forestal con especies nativas en Cáceres, algo que aún muchos expertos consideran imposible, fue la primera de Suramérica en recibir bonos de carbono del mercado voluntario. Allí crecen más de 200 especies. Parte del Certificado de Incentivo Forestal hubo que devolverlo: la lista del Minagricultura dice que sólo 30 especies nativas se pueden usar.
Uno y otro despropósito son posibles en Locombia, donde se toman decisiones desde oficinas distantes al lugar de los hechos y las toman, en casi todos los casos, funcionarios no aptos profesionalmente para decidir. O las toman funcionarios de elevado rango, que tienen amplio conocimiento de cómo sacar ventajas para sí. En unos y otros, sin embargo, impera la ignorancia.
La represa de Urrá ahogó una especie de planta que se conseguía en abundancia, una zamia que ahora es muy difícil encontrar, dijo el mismísimo Cogollo.
Lógico, el tema no interesa mucho. Preocuparse por una planta parece cosa de locos. Y con ese pensamiento vamos perdiendo nuestros recursos naturales sin conocerlos siquiera. Eso que no vemos, otros lo aprecian y lo estudian. Y lo que ahora nos es gratis, nos sale caro después: genética nuestra extraída por otros para tal o cual uso benéfico y que nos la entregan a cambio de un buen puñado de verdes.
Se eriza la piel pensando en lo que describió el investigador y la feria de licencias mineras y forestales de toda clase que desde hace unos años se abrió en Colombia, convertida en un enorme Corferias o Plaza Mayor, de Venezuela al Pacífico, de Punta Gallinas a Leticia, la que recorren canadienses, americanos y aventureros adinerados que han escuchado que acá una licencia no se le niega a nadie.
Es lo que pretenden con la selva de Bahía Solano: Una tala selectiva sin saber siquiera qué especies vegetales y animales contiene.
Los bosques son el mayor patrimonio de un país, dijo Cogollo. Pero a un ladrón no hay que creerle. Que lo condenen: sacar plantas para estudiarlas. ¡Qué ocurrencia! No tiene perdón. Insolente.
Maullido : huele feo cuando un gobernante trata de hacer una obra por encima de todo y de todos.