Histórico

Corpourabá, en el ojo del huracán

28 de mayo de 2011

El presidente Santos advirtió que buena parte de la tragedia que hoy vive el país a causa del invierno es responsabilidad de las corporaciones autónomas regionales. Según ha dicho, hubo omisiones frente al tema de la prevención. Corpourabá está en el ojo del huracán en los medios de comunicación de la zona, debido al tema.

Los humedales cumplen una función vital: regulan las crecientes de los ríos, sirven de hábitat y lugar de tránsito de especies de una bellísima fauna silvestre y alimentan los bosques de cativo, un árbol en vía de extinción, explotado para el embalaje de banano y plátano.

Urabá es riquísima en humedales, y el manejo que hace de ellos la explotación bananera es equivocado, pues afecta con inundaciones a las comunidades. La construcción de canales y jarillones los desecan y hacen que el agua se represe y desvíe, causando inundaciones. El Incoder sigue titulando tierras sin la autorización de la autoridad ambiental; los alcaldes lo permiten; y algunos concejales, con intereses particulares, aprueban planes de ordenamiento territorial rural, desconocidos por las comunidades. Corpourabá ha expedido licencias ambientales para la captación de aguas en fincas y ha permitido la tala de bosques.

El gremio de bananeros busca convertir aproximadamente 20 mil hectáreas de humedales en cultivo de banano. Este proyecto beneficiaría a la región en términos de empleo y riqueza. Sin embargo, es urgente hacer un estudio que apoyen actores sociales, políticos y económicos, porque desecar los humedales a ojímetro es peligroso. En el futuro, cuando el invierno arrase de nuevo, al Estado deberá responder.

El 10 de mayo se reunieron en Corpourabá directivos bananeros y algunos concejales de Apartadó, con técnicos privados. Plantearon un Acuerdo. ¿No hay conflicto de intereses cuando de la junta directiva de Corpourabá hace parte un integrante del sector de los bananeros? ¿O concejales que tienen vínculos con el sector?

En el Acuerdo se hacen ajustes supuestamente para la protección y conservación de la estructura ecológica del eje bananero de Urabá. A dicha reunión no fueron invitados los técnicos de Corpourabá, conocedores del tema; tampoco se les tuvo en cuenta sus conceptos.

Luego, el Acuerdo fue discutido por el Concejo de Apartadó. Algunos concejales vieron la responsabilidad que tienen con sus comunidades y decidieron aplazarlo. Según el documento, desecarían miles de hectáreas y solo tendría protección una faja de retiro de 30 metros. ¿Cuál es, entonces, el criterio científico para que sean 30, 100 o más metros, que son los que conforman el corredor biológico de la zona, incluyendo el río León?

En otro contexto, Hitoshi Baba, un japonés experto en temas hidráulicos, refiriéndose a La Mojana, planteó que se necesita la delimitación de un humedal que funcione exclusivamente como un área protegida y que amortigüe las aguas de los caudales, cuando estos sobrepasen sus cotas de inundación. En esa región del Caribe, las llanuras de inundación (humedales), se han drenado y separado de los ríos mediante diques artificiales, cuya construcción provoca que el agua, que en alguna época se extendía lentamente y de forma poco profunda en las llanuras, se concentre en zonas cada vez más reducidas, produciendo inundaciones más frecuentes y dañinas. En casos extremos, las estructuras artificiales ceden y ocasionan tragedias como la de la costa Caribe.

Por eso, Corpourabá -y su director Gabriel Ceballos-, no puede precipitarse en decisiones que luego traerán graves consecuencias. Por ahora, se abre el debate y se congela lo que torpemente se iba a hacer.