Criollos dejan la calle por amor
SOLO HAY QUE amar a ese nuevo integrante de la familia y estar dispuesto a cuidarlo para hacer parte de las jornadas de adopción de La Perla.
Con sus ojos cafés, grandes y chispeantes, Sebastián Mira examinó con detalle a su nuevo amigo. En cuclillas, a su misma altura, parecían viejos conocidos.
Tocarlo fue solo un reflejo, que le sirvió para medir que el afecto que allí comenzaba, podía ser compañía diaria.
"Quiero un perro grande, enérgico, con el que pueda salir a pasear por la calle", explicó. Por eso, no dudó en hacerle el guiño a un macho, un adulto joven, de dos años, en cuyo lomo se veía una línea a contrapelo, una señal inequívoca de cruce con un rodesian.
"Suertudo", le sugirió que lo llamara su acompañante, Gabriel, quien se acercó a ver el estado del perro, que ayer esperaba un buen hogar.
Sebastián, tiene 19 años, vive con su mujer en una casa con solar y lo quiere adoptar, en especial, para darle una oportunidad y sacarlo de esa triste situación que implica el estar encerrado en una jaula.
En realidad, estos animales, la mayoría gatos y perros, escapan a un destino aún más cruel: el abandono y el maltrato.
Reportados por ciudadanos o rescatados en la calle, llegan al centro de bienestar animal La Perla, en muy mal estado, politraumatizados, con la piel pegada a las costillas y exánimes, tras andar la calle.
De acuerdo con los protocolos de La Perla, los canes y gatos, se ubican en una zona de cuarentena, donde estarán bajo observación médica. Luego se desparasitan, vacunan o ingresan, si es necesario, a un tratamiento médico.
Cuando se estabilizan, se esterilizan, se identifican mediante un microchip e ingresan al sistema de registro e identificación de animales domésticos de la Alcaldía, llamado Michip (que también cubre a mascotas de estratos 1 y 2). Con ello, están listos para un nuevo hogar.
De acuerdo con la subsecretaria de Medio Ambiente, María Elena Gómez, en las línea única 123 reciben hasta 50 llamadas diarias que reportan abandonos de perros, gatos y caballos.
Y en un mes se adoptan, en promedio, 120 mascotas. Lo que viene en aumento desde el año pasado, cuando registraban 80. Cree que se ha creado cultura alrededor del tema, y hasta es una "moda", pues los dueños exhiben con orgullo a sus canes "criollos".
Mucha responsabilidad
Juan Guillermo Posada, habitante del Centro, ha recogido muchos animales y los ha llevado a La Perla. Dice que en algunas temporadas, como vacaciones, es frecuente ver mascotas que dejan tiradas en la calle por sus dueños, quienes no saben qué hacer con ellos.
Ha adoptado en otras oportunidades y, ahora, busca una hembra o macho, de tamaño mediano. "Ellos son más aferrados y más agradecidos", indica, al referirse a los que se rehabilitan y luego se integran a una familia.
Afecto y complicidad no es lo único que se necesita para tener un nuevo amigo en casa. La médica veterinaria Marianela Medina, le hace las preguntas claves a Sebastián.
Le hace caer en la cuenta, por ejemplo, que tener una mascota implica deberes: vacunas y veterinario, si se enferma; alimento diario, tiempo para sacarlo a que haga ejercicio y tener con quién dejarlo si va de viaje.
Es una responsabilidad que él está dispuesto a incorporar en su vida.
Por eso quiere que su familia conozca a Suertudo y lo acepten, lo que es fundamental para la estabilidad del nuevo miembro.
Quizás sea hora de empezar una relación en la que además de ladridos y babas, habrá mucho amor.
Solo es estar dispuesto a dar y recibir.