Cuando el dolor es el que gana
Lo normal cuando hay un título y más cuando se hace marca departamental es que aflore la alegría, que se brinque, se salte y se disfrute. Pero en el rostro de Gisela Mejía, con un letrero grande en su chaqueta, Carepa, y quien impuso marca en los 44 kilógramos-arranque, se aprecia algo diferente.
Lo normal cuando hay un título y más cuando se hace marca departamental es que aflore la alegría, que se brinque, se salte y se disfrute. Pero en el rostro de Gisela Mejía, con un letrero grande en su chaqueta, Carepa, y quien impuso marca en los 44 kilógramos-arranque, se aprecia algo diferente.
Después de recibir las tres medallas doradas como primera en arranque, envión y total, va a un costado del coliseo y mientras se cambia la indumentaria, no celebra.
"Estoy aburrida", contesta de entrada Gisela, quien acaba de cumplir 15 años.
Calla un poco, se le notan las ganas de llorar y a renglón seguido agrega: "me acaban de sacar de la escuela de pesas y de la Villa Deportiva por bajo rendimiento".
Hasta principios de diciembre estuvo apoyada por Indeportes, pero ante un dictamen final del técnico búlgaro Vladislav Milkov Sandakchiyski, por bajo rendimiento, se determinó su salida.
"Reconozco que me estanqué y esa es mi rabia. No encuentro la justificación. Y más verraquera me da, haciendo lo de hoy (ayer), cuando logré incluso marca departamental, lo que me demuestra que sí puedo". El no estar en el programa de Indeportes también le implica suspender los estudios en el Marco Fidel Suárez.
"Ahora hago el papeleo para trasladarme a Carepa, para seguir estudiando. En el Marco Fidel culminé el octavo grado".
Para Gisela, que desde el 2009 se metió de lleno en la halterofilia, no hay explicaciones de lo sucedido.
"Lo mío no fue por indisciplina; es de esas cosas que no se le dan a uno así se trabaje mucho. Porque yo me esforzaba y me esforzaba, pero nada me salía".