Histórico

Cuando las palabras se cruzan

Los crucigramas son un juego de palabras que enseñan y divierten.

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13 de septiembre de 2013

Fue a su regreso de Bogotá, a mediados de la década del 70, cuando Alberto Restrepo Restrepo les propuso a las directivas de El Colombiano publicar crucigramas "para competir con los que estaban saliendo en El Espectador y El Tiempo", recuerda este veterano periodista ya jubilado del diario leer de los antioqueños.

Su inquietud respondía al auge de este cruce de palabras que se vivía en Estados Unidos, donde habían comenzado a publicarlos ahora hace 100 años, y que después de la década de 1920 se habían ganado un espacio permanente en los diarios.

La respuesta a la propuesta de Alberto no se hizo esperar y fue el quien asumió el reto de construirlos. "Acepté el reto. El primero lo hice con mucha lidia. Antes de salir le pregunté a Juan José García: hombre, quiero que el crucigrama tenga un nombre nuevo. Le di tres opciones y coincidió conmigo en Pensagrama. A las pocas semanas fue muy conocido, y para muchos era el mejor crucigrama que había en Colombia", recuerda con orgullo.

Teniendo como fuentes el diccionario Larousse y la biblioteca de El Colombiano, los crucigramas de Alberto se hicieron famosos por su alto nivel de complejidad y sus preguntas ingeniosas y maliciosas. "Recuerdo una palabra de tres letras en la que planteaba: una mamá menos y una madre más. La respuesta era sor".

Dos tipos
De acuerdo con Marco Peroni, existen dos clases de crucigramas: "El clásico, de cuadritos negros con preguntas verticales y horizontales, y el autodefinido, como el que sale actualmente en El Colombiano, en el que la definición ya no es aparte sino que está incluida en la cuadrícula en un cuadrito".

Con 25 años de experiencia, Peroni, quien trabaja de la mano del Diccionario de la Real Academia Española y Wikipedia, precisa que la complejidad en la construcción se logra en la medida en que uno quiere que salgan bien las cosas. Un crucigrama lo puede hacer cualquiera, llenar una cuadricula con lo que se antoje. Es complicado en el momento en que decides hacerlos con menos cuadros negros que los hace más difíciles para quien los elabora así como para quien los resuelve".

Félix Olaya coincide con Marco Peroni en cuanto a las categorías de los crucigramas y las fuentes de consulta, a las que él agrega varios diccionarios, enciclopedias y los comentarios que escucha en la calle.

"Cuando voy por la calle escucho con atención las palabras que se vuelven vox populi y estas me ayudan a evitar la monotonía en los crucigramas que construyo. En mi opinión, además de ser didácticos deben ser divertidos".