Histórico

Cuando morir asesinado no importa

Loading...
07 de abril de 2010

Si hay una historia que nunca deja de enternecer el alma es precisamente " Corazón ", la historia escrita por Edmundo de Amicis que a través del diario de Enrique cuenta las cosas que viven los niños mientras cursan su escuela elemental. Esos niños, que oscilan entre los nueve y los trece años, se preocupan por los trabajos que deben presentar durante el año, por los exámenes, por tantas cosas importantes propias de esa edad y de esa etapa de la vida que a diario, a través de los compañeros y los maestros, ilustran con ejemplos las lecciones más bonitas.

Y eso precisamente es lo que no podrá experimentar el niño de 12 años que murió en el departamento de Nariño hace poco menos de dos semanas porque un paquete bomba le explotó en las manos y lo mató. Así de simple, así de duro. ¿Qué importa si este acto lo cometieron las Farc, los paramilitares o delincuencia común?, lo importante es, si es posible entenderlo, ¿qué más podrá tramar el hombre para seguir horrorizando?, ¿si les arrancamos la vida a los niños de un tajo, hasta dónde más descenderá el deseo de hacernos daño, de acabarnos?

A pesar de que el ministro del Interior y Justicia, Fabio Valencia, llamó a los colombianos a no dejar que ese asesinato pasara inadvertido con un simple: "Yo creo que?"; por lo visto en este país "las palabras no existen, son palabras", como dice una canción, y una vez más el acto empieza a ser parte del olvido porque igual no se murió un niño ilustre, sólo un niño y eso vale muy poco en este país de privilegiados, de dime de dónde vienes, quién te tuvo y te diré cómo reacciono.

De nuevo vislumbro la impunidad. De nuevo el tiempo asesina la memoria. Ahora a nuestra insensibilidad se le suma otro acto que nos hará más inmunes a sorprendernos con el horror. Aunque ¿qué horroriza realmente a los colombianos que ven a diario la miseria, se topan en cada esquina con el dolor pero en cuestión de minutos, al ver las telenovelas o dejar listas las compras pendientes, se pasa la hoja, se olvida al otro que sufre?

Un país que se acostumbra a esto es un país que está mal psicológicamente. No es normal que el ser humano aprenda a convivir con el horror, se acostumbre a éste, lo tolere, lo pase ilustrando un arco iris personal de pretextos, de justificaciones inútiles que casi siempre terminan en ¿y yo qué puedo hacer?

En " Corazón " el padre de Enrique le escribe alguna vez una carta fechada el dos de noviembre donde le habla de los muertos. Le dice que piense en aquellos que "murieron por vosotros, por los muchachos, por los niños (?) ¡Piensa hoy con gratitud en estos muertos, y serás mejor y más cariñoso con todos los que te quieren bien y trabajan por ti, querido y afortunado hijo mío, que en el día de los difuntos no tienes aún que llorar a ninguno!". Yo sí creo que hoy, y desde hace mucho tiempo, los colombianos debemos lágrimas, tenemos que pensar en realidad y muy en serio en aquellos que siguen muriendo injustamente.