Histórico

Cuando pasa la tempestad

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30 de octubre de 2011

A la hora de escribir esta columna en la lluviosa mañana dominical, he verificado una buena concurrencia de ciudadanos a los puestos de votación. Mi voto de elector testarudo, como siempre, ha sido de opinión, así no alcance a tener utilidad pragmática y rarísima vez me haya apuntado a la campaña ganadora. Lo esencial está en que, sean quienes fueren el Gobernador y el Alcalde y los diputados y concejales electos, superen el cortoplacismo secular y garanticen voluntad política para comprometerse con las estrategias orientadas a consolidar el liderazgo de nuestra región como dinamizadora del desarrollo integral en tiempos de mundialización.

Atrás quedó un debate electoral enconado en determinados casos por el empleo de recursos propagandísticos agresivos e imprudentes, con predominio de las descalificaciones recíprocas y minimización de los programas. El ensombrecimiento de las campañas por la actuación de asesores perversos no debe seguir aceptándose si se pretende infundirle a la política un contenido ético y la consiguiente cualidad del juego limpio, que excluya la competencia desleal. No todo puede valer en la acción proselitista. Esa versión actualizada de la antigua guerra sucia puede ser el detonante de reacciones revanchistas y vindicativas.

En esa atmósfera de rumores, chismes y exageraciones inferiores al nivel de cultura cívica de la ciudad, muchas personas se dejaron llevar por el apasionamiento, ya no partidista porque los partidos pasaron a la historia, sino personalista o grupista. Percibí algunos brotes de sectarismo e intolerancia, incluso entre ciudadanos que juzgaba ecuánimes. Por ejemplo, leí mensajes de correo que atacaban la posición editorial de EL COLOMBIANO. Quiero decir que en una sociedad abierta, sea cual fuere la opción que escoja o deje de escoger un periódico, gústenos o no (que no me gustó), debe respetarse si se cree en la libertad de opinión y de prensa. Lo contrario es incurrir en actitud inquisitorial y de censura. Un medio periodístico no elige: Enseña a elegir. La gente lo sabe. Respaldar o no una o varias candidaturas comporta una decisión independiente, aprobable o rechazable por cada elector como individuo autónomo.

Hoy lunes presenciaremos la resaca poselectoral. Después de la tempestad llegará la calma. Admiro la capacidad de los políticos para resistir las borrascas verbales y restañar heridas. Recuerdo lo que un sapiente profesor y maestro me dijo hace muchos años una tarde en la Redacción: "El buen político es como los gatos, que los agarran del cogote y los tiran lejos, pero siguen tranquilos".

Lo que debe concretarse es una gran alianza por Antioquia y Medellín, región y ciudad esenciales en Colombia e Hispanoamérica, llamadas a ejercer un liderazgo innovador. Que los elegidos sean directores de equipos comprometidos con estrategias sociales incluyentes, al servicio del bien común y no a al revés.