Histórico

Cuando se indignan los lectores

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10 de julio de 2011

Pueda ser que el desplome del semanario sensacionalista News of the World produzca un efecto global de castillo de naipes y marque el principio del fin de los medios ilegítimos que amenazan la credibilidad y la permanencia del periodismo y alerte sobre el respeto que merecen los lectores y espectadores y lo que puede suceder cuando se indignan por el uso de métodos fraudulentos para obtener información.

La última edición del escandaloso periódico británico es patética. Ayer se despidió con un titular de ¡Gracias y Adiós! y un editorial que presenta disculpas por la interceptación de llamadas telefónicas de miles de personajes y reconoce que anduvo por un camino equivocado. "No hay justificación para ese terrible mal comportamiento", dice el comentario.

¿Para qué sirve semejante declaración de culpa, si el daño es irreparable? ¿Qué pasa cuando, al enterrarse una publicación tan antigua, no hay modo de rehacer tantas honras y famas destrozadas y tantas vidas privadas expuestas a la curiosidad morbosa de la gente? ¿Cómo convencer a incontables ciudadanos escépticos inclinados cada vez más a juzgar el periodismo como el causante de muchos males de la vida contemporánea por los desafueros de los medios que prefieren la vía fácil y cómoda de la chismografía y la truculencia?

La extinción de News of the World , de la poderosa cadena del señor Murdock, abre útiles e interesantes reflexiones sobre la razón de ser y el destino del periodismo en el mundo actual y sobre el sofisma de la mal llamada prensa popular y el relativismo axiológico del todo vale , que ampara el sensacionalismo populista y demagógico apretado en tabloides. Para coger el toro por los cuernos, creo que es preciso debatir sobre el impacto nefasto del neo-oscurantismo que está abriéndose camino en el entorno periodístico.

Cuando Guttenberg inventó los tipos móviles e inauguró la historia de los libros impresos se dijo que era una innovación carente de sentido porque muy pocos individuos sabían leer en Maguncia. Hoy en día, guardadas las proporciones, hay quienes sostienen la tesis inequitativa y neo-oscurantista de que a los lectores pobres hay que administrarles sangre, sexo y contenidos insustanciales porque no tienen intereses superiores. Hasta se hace una relación, provocadora e inicua, entre el estrato socioeconómico y el cultural, como si muchas veces no fuera inversa y a un estrato 6 no correspondiera un estrato moral inferior a 1.

Es demasiado esperar que el pésimo negocio del sensacionalismo desaparezca. Sí estoy convencido de que para el periodismo creíble, confiable, con vocación de permanencia y trascendencia, este suceso fortalece la defensa del derecho a la información con fronteras éticas y jurídicas razonables, del respeto a la intimidad y de la proscripción de medios ilegítimos para ganar audiencia.