Histórico

DE ABSOLUTISMOS Y TORRES CAÍDAS

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12 de septiembre de 2014

Un aniversario más del atentado terrorista del 11 de septiembre nos vuelve a recordar que, motivado como fue aquel por el fanatismo religioso islámico, el concepto mismo de religión ha quedado herido desde entonces. No se puede negar, aunque nos duela.

La humanidad entendió que de pronto ese postigo sublime a la trascendencia, que es un credo religioso, puede convertirse en un nido de víboras. No por causa del Dios objeto de la fe y la religiosidad, sino por la perversión de los adherentes a un credo, líderes o devotos del común, que han querido domesticar a Dios. Y que se parapetan en el poder de la institución para defender una verdad hecha a su medida.

Las instituciones religiosas y el fanatismo son conceptos estrechamente ligados etimológica e históricamente. Por eso, los atentados de Nueva York en el 2001 debieron haber iniciado un proceso de purificación honda y radical del concepto de religión. Las grandes y pequeñas confesiones que hay en el mundo tendrán que cambiar. Tendrán que replantear sus actitudes institucionales, sus postulados de totalitarismo intransigente, tanto en lo dogmático como en lo moral, ya sea en las exigencias de adhesión de sus creyentes como en el papel que ellas, las instituciones, y ellos, los fieles de cada credo, deben jugar en la sociedad.

Este aspecto, el de un cambio profundo de las religiones, de las instituciones religiosas y de la vivencia religiosa, es uno de los más importantes elementos de la nueva época que reta hoy a la humanidad. Dicho de otro modo, es el horizonte de un real y sincero ecumenismo, que viene forcejeando desde las últimas décadas del siglo pasado, el que se tiene que abrir hacia el futuro.

Es más, casi con seguridad no van a ser los ejércitos, las armas, los bombardeos, las cacerías de terroristas, las que van a traer la paz al mundo. Tarde o temprano, luego de los miles de muertos, de las destrucciones y las hecatombes, el meridiano de la paz va a pasar necesariamente por la nueva concepción y purificada vivencia de las religiones. La historia es maestra. Las religiones han destruido y construido civilizaciones. También ahora. Sobre la destrucción creada por los fundamentalismos, nacerá una humanidad reconstruida por unas religiones remozadas, distintas.

Ninguna religión es absoluta, porque es simplemente una mediación. Aceptar esto implicará para las religiones, el Catolicismo incluido, una gran noche oscura de humildad, de renunciamiento a poderes y verdades. Significará, para los adherentes a cualquier fe, también a la nuestra, la católica, por supuesto, una gran purificación. Ecumenismo, pluralidad, solidaridad, justicia social y fraternidad. Holismo vs. totalitarismo. Nada de absolutismo, que es sinónimo de fundamentalismo. Es más, hasta a Dios hay que despojarle del adjetivo de absoluto. Porque, después de todo, como dice San Juan de la Cruz, cualquier cosa que digas de Dios, no es Dios. La otra torre que debe caer es la del fundamentalismo religioso.